Tuberculosis y SIDA
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Tuberculosis y SIDA

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Con la aparición de la epidemia del VIH, ha aumentado el número de casos de tuberculosis declarados en todos los países y se han hecho más frecuentes las formas de presentación extrapulmonares. La enfermedad por Mycobacterium tuberculosis constituye uno de los criterios diagnósticos de SIDA y es la enfermedad oportunística más frecuente en las personas infectadas por VIH en todo el mundo (Raviglione, 1995). Entre los usuarios de drogas por vía parenteral la prevalencia de la infección tuberculosa se sitúa alrededor del 50%. La potente inmunodepresión que produce el VIH sería la causa de la reactivación endógena de la infección tuberculosa que es más frecuente en grupos de población socioeconómicamente deprimidos.

En España diferentes trabajos revelan una frecuencia de tuberculosis entre el 33 y el 75% de los pacientes con SIDA, siendo ésta una de las primeras manifestaciones del síndrome (Rey, 1995). En Barcelona afecta el 43,8% de los pacientes diagnosticados de SIDA y la localización extrapulmonar (fundamentalmente ganglionar) se observa en el 74% de casos (Caylà, 1991).

En los portadores del VIH se recomienda la realización anual de un PPD para detectar la infección y poder instaurar una pauta de quimioprofilaxis con el fin de evitar la aparición de la enfermedad. La vacunación BCG está formalmente contraindicada.

En los pacientes con una reducción importante de las cifras de CD4 pueden haber problemas de diagnóstico ya que la reacción a la tuberculina puede ser negativa hasta en el 75% de los casos y la radiografía de tórax normal, por lo que el diagnóstico debería realizarse en un centro especializado.

El hecho de sufrir la infección por VIH tiene repercusiones terapéuticas ya que las pautas de tratamiento y de quimioprofilaxis deben ser más prolongadas. En un estudio realizado en la ciudad de Nueva York (Pablos-Méndez, 1996) el 50% de los nuevos casos de tuberculosis eran VIH+ y el 7% presentaban multirresistencias. En un estudio sobre las tuberculosis resistentes realizado en Madrid (Peña, 1996) el 36% de los casos de tuberculosis presentaban infección por VIH. El 9,5% de las cepas analizadas eran resistentes a uno o más fármacos, el 92% de las cepas resistentes a rifampicina e isoniacida procedían de individuos VIH+ y en ellos la mayor parte de las cepas resistentes a isoniacida también lo eran a rifampicina.

Por otra parte, deben tenerse en cuenta las interacciones de los fármacos antituberculosos, fundamentalmente la rifampicina, con el resto de tratamientos necesarios para el tratamiento del SIDA y las infecciones oportunísticas (CDC, 1996). Todo esto hace recomendable el tratamiento terapéutico de estos pacientes en medios especializados.
Finalmente, el hecho de que en nuestro medio un porcentaje importante de los pacientes afectados de tuberculosis y SIDA son hombres entre 25-35 años, usuarios de drogas por vía parenteral, con antecedentes de reclusión en centros penitenciarios, y con una elevada tasa de incumplimiento del tratamiento, cabe esperar en el futuro un aumento de las recaídas, del período de contagio y del número de individuos contagiados y, finalmente, la aparición de bacilos resistentes a los fármacos antituberculosos.

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