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La importancia de esta entidad clínica ha sido reconocida en los últimos años; este trastorno respiratorio se define por la presencia de apneas obstructivas (ausencia de flujo aéreo durante más de 10 seg, pese a la presencia de movimientos toracoabdominales) durante el sueño. El parámetro utilizado para el diagnóstico de la enfermedad es el índice de apnea-hipoapnea por hora (IAH/horas) o número de apneas-hipoapneas dividido por el tiempo total de sueño. Se considera normal un índice de 10 (IAH/horas). La enfermedad es más frecuente en el hombre, roncador de años de evolución. La apnea determina que el paciente se despierte, alterando el ciclo normal del sueño, lo cual, a la larga, ocasiona somnolencia diurna que será el síntoma más evidente (80% de los pacientes). Otros síntomas son: hipertensión, enuresis, cefaleas y alteraciones de la personalidad. Alrededor del 10% de los enfermos presentan insuficiencia cardíaca derecha producida por la hipertensión pulmonar como consecuencia de la hipoxia y la acidosis respiratoria crónica.

El mecanismo de desarrollo de la enfermedad es el colapso de la faringe y la consiguiente reducción de la vía aérea; la orofaringe es el único componente de la vía aérea que no tiene sus paredes rígidas, ya que éstas en gran parte están configuradas por partes blandas, en determinadas circunstancias la presión negativa que aparece durante la fase inspiratoria origina el colapso de la orofaringe provocando la obstrucción. En su aparición inciden factores anatómicos (retrognatia, hioides en posición más caudal) y factores que al provocar la relajación muscular facilitan el colapso faríngeo (alcohol, obesidad, hipotiroidismo, andrógenos, benzodiacepinas).

El tratamiento, consiste, en primer lugar, en evitar los factores agravantes de la hipotonía faringea (alcohol, obesidad, etc.). La utilización de presión continua en la vía aérea (CPAP) tiene la ventaja de la inmediata desaparición de las apneas, pero también la desventaja de que obliga al paciente a emplearla de por vida, con reaparición de los síntomas de forma inmediata cuando cese su aplicación. Otro aspecto a tener en cuenta es el coste económico que supone este tipo de tratamiento. El tratamiento quirúrgico ofrece la ventaja de solucionar de forma definitiva la enfermedad en un elevado porcentaje de pacientes.


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Es la patología del sueño más común y se considera que el 35% de la población la padece. Los dos puntos más importantes para evaluar el insomnio son la cronicidad y el grado de somnolencia residual diurna.

La existencia de períodos de insomnio de duración inferior a un mes suelen relacionarse con cambios físicos, médicos, psicológicos o de hábitos de los pacientes (cambio del trabajo). En estas situaciones el insomnio se resuelve con el tratamiento o estabilización de la causa desencadenante.

El segundo aspecto, somnolencia residual diurna, es muy importante a la hora de evaluar si estamos frente a un auténtico insomnio. La necesidad de sueño es muy variable en los diferentes sujetos y se relaciona con la edad y la actividad de la persona.

Muchos pacientes tienen la falsa sensación de sufrir insomnio ya que tienen la tendencia a subestimar el tiempo que están durmiendo y a sobrevalorar el tiempo que tardan en dormirse. Por ello hay que mentalizar tanto al paciente como al propio médico de que si el sujeto que se queja de insomnio no presenta somnolencia diurna ni interferencias en su actividad cotidiana no está sufriendo un insominio verdadero. En estos casos no está indicado ni realizar exámenes complementarios ni iniciar tratamiento con hipnóticos.


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Al menos tres alteraciones del sueño son importantes en la clínica, la narcolepsia (narke= sueño; lepsis= convulsión) es una condiciíon de ataques involuntarios de sueño que duran por lo menos 15 minutos y que se pueden presentar a cualquier hora del día. Es una incapacidad del estado de alerta para inhibir el sueño de movimientos oculares rápidos.

El insomnio (in= no; somnus= sueño) consiste en la dificultad para conciliar el sueño y por lo general se presenta en forma de vigilia frecuente. Se puede relacionar a alteraciones específicas o a factores secundarios, tanto médicos como psiquiátricos.

Una razón por la que las pastillas para dormir como los barbitúricos no funcionan en el control del problema del insomnio, es que estos fármacos interfieren con los patrones normales del sueño, y en especial reducen la duración relativa del sueño de movimiento oculares rápidos.

La hipersomnia se refiere al sueño excesivamente largo o profundo del cual una persona no puede despertar a menos que se lo estimule en forma vigorosa. Se puede asociar a un estado de intoxicación.


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Son muchas las personas que sufren trastornos de sueño, de hecho es uno de los motivos más frecuentes de consulta en la practica médica habitual, y su tratamiento se basa en el diagnóstico adecuado. Aunque no se conoce la función precisa del sueño, cuando este es adecuado mejora la calidad del estado de vigilia durante el día, lo cual hace necesario usar de manera sensata los hipnóticos para no causar peores trastornos.

Se cuenta con diversos agentes farmacológicos para tratar el insomnio. El hipnótico “perfecto” permitiría que ocurriera un sueño de estructura normal, en vez de alterar su perfil por medios farmacológicos. No dejaría secuelas al siguiente día, como ansiedad de rebote o sedación sostenida. No interactuaría con otros fármacos. Podría proporcionar al largo plazo sin causar dependencia o insomnio de rebote al interrumpir su administración.

El ejercicio moderado regular satisface estos criterios, pero en muchos casos no es eficaz por si solo, y los pacientes con enfermedades cardiorespiratorias importantes quizá no tengan la habilidad para realizar ejercicio. Sin embargo, incluso los grados pequeños de ejercicio suelen ser eficaces para promover el sueño.


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Por primera vez se ha establecido un vínculo entre determinado grupo de células y las transiciones entre sueño y vigilia. Así se publicará el estudio realizado en  la Universidad de Stanford en Palo Alto (Estados Unidos).

Según la investigación, un grupo de neuronas están activadas y por lo tanto serían las responsables de la transición del estado de sueño a vigilia. Dichas neuronas se encuentran en el hipocampo lateral y al parecer jugarían un rol importante en la estabilidad del despertar, ya que alguna anormalidad en este grupo de neuronas generaría trastornos del sueño tipo narcolepsia.

El estudio fue realizado sobre ratones, y probó que mediante la estimulación óptica de estas células modificadas genéticamente para responder a la luz, se producía un aumento de la probabilidad de la transición del sueño (de ondas lentas o sueño REM) hacia la vigilia.

Estos hallazgos abren puertas para el tratamiento de los distintos trastornos del sueño en humanos, sobre todo los asociados con la narcolepsia.


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Un estudio científico realizado por investigadores del Reino Unido intentó probar el efecto del masaje infantil como terapia para calmar el llanto, dolor y mejorar la calidad de sueño de los bebes.

La investigación se hizo con el fin de darle un sustento científico a este método que se viene usando desde hace muchos años en las culturas asiáticas y que además de las propiedades mencionadas, también ayudaría a mejorar su desarrollo y crecimiento.

Con este fin se realizó un análisis de 23 ensayos clínicos en bebes de seis meses o menos e vida de varias partes del mundo (China, Gran Bretaña, Estados Unidos) que recibían masajes o no al azar.

Los resultados fueron variables, en nueve estudios se demostró que el masaje mejoraba la calidad de sueño y calmaba su llanto, otros estudios arrojaron que estos masajes disminuían los niveles séricos de ciertas hormonas de estrés. Cabe mencionar que en estos mismos nueve estudios no probaron que el masaje tenga algún efecto sobre el crecimiento o desarrollo de los bebes.

Lo que tampoco se pudo establecer es en que condición o por cuanto tiempo se debe aplicar el masaje. O sea no se pudo estandarizar una técnica para el mismo.


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Dormir bien es más importante de lo que muchos creen, así lo indico un importante estudio realizado en Gran Bretaña. Al parecer si no se duermen las horas suficientes aumentaría el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas.

Según el estudio, la falta de sueño estaría relacionada con el aumento de la presión arterial, factor de riesgo importante para desarrollar infartos o accidentes cerebrovasculares (strokes). Las presiones arteriales por encima de 140/90 incrementan de forma directa el riesgo de padecer estas enfermedades.

El estudio se baso en un análisis de 17 años de duración en el que se tomo como muestra a 10.000 trabajadores gubernamentales de entre 35 y 55 años. Los resultados arrojados mostraron que las personas que dormían cinco o menos horas aumentaban al doble el riesgo de sufrir una muerte de causa cardiovascular.

Cabe mencionar que fueron tenidos en cuenta diversos factores de riesgo como edad, sexo, tabaco, talla y peso, alcoholismo, colesterol y presión arterial. Todos ellos modifican el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

Dentro de las posibles causas de porque se acorta el período de sueño figuran las presiones sociales, los estilos de vida modernos, etc. Se estima que aproximadamente un tercio del Reino Unido y un 40% de la población de Estados Unidos duerme menos de lo debido.

El sueño ha de ser otro factor importante a tener en cuenta en la génesis de la prevención de enfermedades cardiovasculares.


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Los enfermos de insuficiencia cardíaca que padecen apnea tienen un riesgo de muerte dos veces más alto que aquellos que no tienen este trastorno del sueño.

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