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Son pacientes con tres rasgos fundamentales: a) alto grado de sugestionabilidad y búsqueda de la atención del entorno social;b) sensibilidad ante los cambios más mínimos de tipo somático, y c) falta de contención familiar a sus síntomas, con cierta «comprensión» o ciertas ganancias secundarias que cronifican un modelo de relacionarse basado en la queja.

Este trastorno por fortuna es poco frecuente, se inicia en etapas precoces de la vida (antes de la tercera década de la vida) y se instaura como forma de ser de la persona: siempre quejándose por una u otra cosa, capitalizando la atención de la familia que a la postre reacciona con indiferencia (a pesar de lo cual el paciente prosigue), pero casi nunca con contención emocional. La sexualidad y, en general, la capacidad de disfrute están alteradas.

Hay que ser cautos y recordar que el paciente no domina la producción de los síntomas, aunque secundariamente pueda hacer una utilización de ellos, utilización «ingenua», pues sigue el patrón invariable de llamar la atención de quienes le rodean hasta el punto de llegar a aburrirles.


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En ellos la somatización es el centro del síndrome, entendiendo por somatización la presencia de síntomas físicos que sugieren un padecimiento orgánico sin datos objetivos que lo confirmen. Es básica la distinción con otros cuadros psíquicos que cursan también con somatizaciones.

Estos pacientes suelen causar una impresión de pesados y de «no saber por dónde cogerlos». La mayoría arrastra múltiples diagnósticos: «depresivos, artrósicos, hipotensos, astenia crónica», son algunas de las etiquetas habituales.

Impresionan por el volumen de demandas somáticas y lo cerrados que suelen estar a la parte psicológica de su malestar. Los síntomas pueden seguir un ciclo acorde a la presencia de estresores, (p. ej., verse impresionados y/o sorprendidos por la enfermedad de un familiar). Su motivo principal de conversación en su marco social son las enfermedades que padecen. En relación al médico parecen desear un status «especial», una atención selectiva y dependiente.

El médico suele aplicar inicialmente medidas expeditivas (placebos por vía intramuscular, etc.), para darse cuenta más tarde del carácter crónico de los síntomas, la inutilidad de las remisiones a los equipos de salud mental, y soportar con carácter más o menos estoico (o con franca irritabilidad) las inacabables demandas. En ocasiones, cuando al fin se les descubre algo innegablemente orgánico parecen obtener cierta gratificación y descanso, e igualmente el médico tiene objetivos más definidos, llegándose a equilibrios tolerables para ambas partes.