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Define una situación de rechazo extremo e irracional, persistente o recurrente hacia el sexo con la evitación de todo o casi todo contacto sexual (DSM-III-R, DSM-IV). En algunas situaciones no es una aversión global sino ante determinadas actividades sexuales.

Existen pocos datos de la frecuencia del trastorno, siendo en todo caso extremadamente bajo (p. ej., 143 casos en el Instituto Masters y Johnson entre 1972 y 1980; 3,75% de las mujeres atendidas por disfunción sexual en el Área 9 de la Comunidad Valenciana en el período 1992/95, Hurtado, 1996).

Frecuentemente presenta un comienzo insidioso, sugiriéndose diferentes posibilidades: experiencias sexuales previas muy negativas o traumáticas (abuso sexual, violación), educación extremadamente restrictiva, conflictos del núcleo familiar o situaciones de «presión» sexual del otro miembro de la pareja sobre el paciente disfuncional, psicopatología severa individual o conflictos de la identidad u orientación sexual.

La participación terapéutica debe implicar una primera oferta de información básica y la actuación del nivel especializado en cuanto a terapias de carácter farmacológico, con técnicas de modificación de conducta o técnicas de desensibilización sistemática.


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Las estrategias de prevención primaria se deben apoyar en que las personas sanas no se expongan a contraer una ETS. Esta tarea se realiza a través de la educación sanitaria mediante consejos prácticos y útiles como son:

1. No se puede confiar en el aspecto externo de las personas para saber si están infectadas por VIH o padecen una ETS.
2. El riesgo no solamente reside en los hábitos de una determinada persona, sino también en los de sus parejas sexuales.

El término «sexo seguro» estriba en utilizar los métodos de barrera, como el preservativo, y evitar las conductas sexuales de riesgo, como son la anal o vaginal sin protección.
Los recursos de los programas de prevención de VIH tanto humanos como económicos, deben integrarse en los programas de control de las ETS. Así los resultados obtenidos en la prevención primaria del VIH deben aplicarse a otras ETS. Desde este punto de vista conjunto se contempla la prevención de las ETS, incluyendo VIH como una actividad diaria de la Atención Primaria.

La importancia en la prevención secundaria de las ETS radica en prevenir sus complicaciones a corto y largo plazo.

El diagnóstico precoz en un paciente con síntomas o signos y pruebas positivas obliga a realizar un tratamiento y a realizar el cribado de la enfermedad en sus contactos. El riesgo de infección puede ser tan elevado que los contactos sexuales precisen ser tratados aunque su infección no haya sido confirmada. El tratamiento basado en el riesgo antes que en el diagnóstico se denomina «tratamiento epidemiológico», ya que es mayor el beneficio de prevenir una posible enfermedad que el riesgo de un tratamiento no necesario.