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Los quistes simples del hígado son formaciones quísticas intrahepáticas micro o macroscópicas, de origen congénito o no, que contiene líquido seroso y no se comunican con la vía biliar intrahepática o extrahepática.

Se los ha denominado también quistes hepáticos benignos, quiste uniloculares, quistes solitarios del hígado, quistes no parasitarios o quiste hepáticos congénitos.

Si bien los quistes simples han sido considerados por largo tiempo una rara enfermedad, con el advenimiento de la ecografía y la tomografía su hallazgo es más frecuente en la actualidad, su incidencia en algunas autopsias de adultos es del 1 al 5%. Los quistes simples asintomáticos son más frecuentes en las mujeres, pero los sintomáticos o complicados son aún mucho más frecuentes en mujeres con una relación 9/1 mujeres/hombres.

Los quistes simples se localizan más fácilmente en el lóbulo derecho, suelen hacerse sintomáticos con más frecuencia en personas de 40 a 50 años, casi el 60% de los quistes voluminosos se observan en pacientes mayores a 50 años de edad.


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Los quístes esofágicos se originan como divertículos embrionarios del intestino anterior, sus paredes incluye la capa epitelial mixta, tejido areolar y algunas fibras musculares. En cambio las duplicaciones son verdaderos esófagos dobles de origen embrionario, ya que sus paredes poseen todas las capas del esófago normal. Por lo general la duplicación se extiende en forma paralela al esófago y a las capas musculares de ambas estructuras pueden entremezclarse.

Aún siendo muy raros, los quistes son mucho más frecuentes que las duplicaciones, del total de las duplicaciones del tubo digestivo, solo del 10 al 20% ocurren e el esófago.

Ambas malformaciones suelen detectarse en una radiografía de tórax o en estudios contrastados de esófago. Los síntomas más frecuentes son disfagia y dolor retro esternal, este último especialmente cuando existe infección.

Las formas sintomáticas suelen tratarse quirúrgicamente, las formas asintomáticas pueden no requerir tratamiento.