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En la génesis del lupus participan 3 tipos de factores:

·       factores genéticos

·       factores hormonales

·       factores ambientales

De la interrelación de estos 3 factores se genera una alteración de la regulación de la inmunidad, que lleva a la expresión de antígenos, y da lugar al lupus.

Factores genéticos: implica la existencia de una predisposión genética, sobre la cuál actuarán los factores ambientales y los factores hormonales, para provocar el lupus. Determinados HLA se vinculan al lupus: DR2  y DR3 (también se vincula a la DM). El compartir estos HLA predispone a una alteración de la tolerancia, siendo éste el mecanismo generador de la autoinmunidad.

Se hereda, por lo tanto, la predisposición a desarrollar lupus.

Factores hormonales: el LES es más frecuente en las mujeres (al igual que todas las enfermedades autoinmunes), debido a una afectación hormonal: los estrógenos son facilitadores de la aparición de enfermedades autoinmunes. El estrógeno debe actuar sobre un terreno previamente afectado, ya sea genética o ambientalmente.

El LES es más frecuente en la edad genital activa, entre la menarca y la menopausia, en que la diferencia de frecuencias entre mujeres y hombres es de 9:1. Los valores para lupus de hombres y mujeres se acercan en la infancia y después de la menopausia.

Los estrógenos facilitan la aparición de enfermedades autoinmunes porque son estimuladores de linfocitos B, que son los responsables de la producción de Ac; la desrrepresión de los LB es la responsable del LES.

Factores ambientales.

El factor ambiental fundamental es el SOL- las radiaciones UV -, que actúa aumentando la expresión de antígenos en las membranas celulares; estos antígenos, que normalmente deberían estar internos en la célula, se expresan en la superficie y son reconocidos como extraños, provocando una enfermedad autoinmune.

Los factores ambientales también pueden actuar sobre los factores genéticos, en un territorio predispuesto: por ejemplo, una infección vírica, puede causar alteración del sistema inmune, a través de la expresión de antígenos diferentes, o   la alteración de la regulación del SI, todo lo cuál lleva a la autoinmunidad.


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El etanol es un alcohol alifático que se absorbe rápidamente a nivel del estómago, es hidro y lipo soluble por lo que tiene una amplia distribución en todos los tejidos del organismo.

Se metaboliza a nivel hepático, donde es oxidado a acetaldehído por la enzima alcohol deshidrogenasa.

El sistema nervioso central es especialmente afectado por el alcohol, debido a su alta liposolubilidad el alcohol es capaz de penetrar la capa lipídica de la membrana celular neuronal y ejercer su acción en este sitio. Interactúa fundamentalmente con dos tipos de receptores: gabaérgicos y glutaminérgicos. Estimula los receptores gabaérgicos que cumplen función inhibitoria, e inhibe a los glutaminérgicos que cumplen una función exitatoria, de ello surge el efecto depresor global del alcohol sobre el sistema nervioso central.

Por otra parte, el consumo crónico de alcohol se acompaña de malos hábitos alimenticios y trastornos digestivos disabsortivos que determinan un estado carencial global con desnutrición proteica y carencias vitamínicas múltiples. De esta últimas se destaca la carencia de tiamina (vitamina B1), la cual es responsable de varias complicaciones neurológicas del alcoholismo, como son las polineuropatías periféricas y la encefalopatía de Wernicke-Korsakoff.