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La nutrición es tal vez el segundo factor en importancia. Influye en el desarrollo fetal y después del nacimiento, en la velocidad de crecimiento, en la maduración ósea y en el desarrollo de la pubertad.

La alimentación en los primeros años de vida es esencial. La desnutrición global es rara en España, pero puede observarse una desnutrición selectiva proteica entre el destete y los 5 años. Los déficit de minerales y vitaminas (p. ej., yodo, vitamina D, etc.) afectan también el crecimiento.

El retraso que se observa en las enfermedades crónicas es, así mismo, consecuencia de una malnutrición, deficiente utilización de los nutrientes o gasto inadecuado. Si desaparecen las condiciones nutricionales desfavorables, puede alcanzarse una talla normal en pocos años, pero la recuperación ya no llegará a ser completa si la duración del trastorno se ha prolongado.


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El cirrótico no complicado tiende al meteorismo, a un ritmo irregular de deposiciones y presenta cierta dificultad digestiva. La dieta deberá adaptarse a estos problemas: a) evitar los alimentos flatulentos, así como los guisos de larga digestión; b) seguir una dieta astringente durante los días en que aparezcan diarreas, y c) la base será seguir una alimentación saludable, normoproteica, adaptada a la disminuida actividad física que realice el paciente.

Las complicaciones con traducción dietética son la ascitis y la encefalopatía hepática.
Durante una ascitis, el cirrótico seguirá una dieta hiposódica bastante estricta (de unos 1.000 mg de sodio al día), así como una limitación en la ingesta hídrica. A menudo, se indican diuréticos y sales de potasio. Se impone el control del ionograma periódicamente.
La encefalopatía hepática del cirrótico, con anastomosis portocava o sin ella, requiere una dieta hipoproteica. La cantidad máxima de proteínas a administrar oscila entre 25 y 50 g día, según la tolerancia.

El resultado clínico suele ser bueno a corto plazo, pero provoca una disminución aún mayor de la albúmina plasmática. Muchos autores recomiendan suplementar por ello estas dietas hipoproteicas con aminoácidos especiales, los ramificados (isoleucina, leucina y valina), los cuales contribuyen a la nutrición proteica y no provocan encefalopatía.