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embarazo

Hasta estos días se ha extendido la creencia de que la mujer que está en labor de parto no debería ingerir alimentos para conservar lo mejor posible las condiciones para el parto, sin embargo, un estudio reciente ha demostrado que esto es totalmente falso, ya que las mujeres que vayan a dar a luz pueden comer algunos alimentos, tales como las pastas secas, o también beber zumos de frutas y yogures que la mantengan fuerte. El estudio ha sido publicado por el British Medical Journal.

A esto se ha sumado el que algunos médicos opinan que no comer nada durante todas las horas que dura el trabajo de parto puede ser dañino para la salud. Un grupo de científicos, que fue consultado por Andrew Shennan, del Kings College de la ciudad de Londres, ha realizado la investigación sobre este tema.

Para ello se realizó el estudio con 1 426 mujeres en un buen estado de salud, las cuales tenían un embarazo por primera vez. Estas fueron divididas en dos grupos, el primero sólo tenía permitido beber agua, según la reglamentación más común; mientras que el segundo grupo podía comer pastas secas, frutas y beber zumos de frutos. El resultado fue que no hubo diferencias mayores entre los grupos de madres que ingirieron o no, algún alimento.



llorar a lágrima viva por nyki_m. 

La señora Einar Borud, de la universidad de Tromso en Noruega, ya algunos colaboradores , realizaron un ensayo sobre mujeres en etapa postmenopausica, estas mujeres recibieron sesiones de acupuntura, mediante esto los investigadores evaluaron los cambios en lo que tiene que ver con la frecuencia y severidad de los sofocos informados por las pacientes.

Las mujeres que se sometieron con tratamiento de acupuntura, mostraron mejorías estadísticamente significativas. Gracias a estos resultados podemos concluir que con el uso de la acupuntura mas cuidados proporcionados por la misma mujer pueden llegar a reducir la frecuencia de los sofocos en casi un 50% de las mujeres en etapa postmenopausica.



Narcisim por XirannisX en Off. 

Gracias a un estudio reciente realizado por el equipo de S. Althof, del centro de salud marital y sexual de Florida del Sur se ha podido probar  la efectividad de un gel que se utiliza en el clítoris, con este gel se puede estimular este órgano antes de la penetración, gracias a el se ha podido observar un incremento de la excitación sexual, orgasmo y lubricación, esto se traduce en una experiencia sexual mas placentera.

El gel al parecer cumplió con sus objetivos en un 79% de las mujeres, al parecer el 90% afirmo que el gel mejoro su experiencia sexual. Al parecer este producto ha superado todas las pruebas necesarias para ser lanzado al mercado y en poco tiempo estará disponible para todo el publico.

imagen: flickr



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Todas las mujeres en edad fértil deberían estar inmunizadas frente a las enfermedades que puedan suponer un riesgo durante el embarazo y para las que existan vacunas disponibles y efectivas.

La decisión de administrar una vacuna determinada a una mujer gestante deberá tomarse tras valorar la probabilidad real de contraer la infección, el riesgo que supondría la enfermedad para la madre y el feto y los efectos de la vacuna sobre ambos.

Las vacunas atenuadas de gérmenes vivos están en general contraindicadas, y en realidad deben evitarse desde 3 meses antes de la concepción. Sin embargo, la vacuna de la polio oral y de la fiebre amarilla podrían administrarse en caso de un gran riesgo de exposición como sería una epidemia.

Las vacunas de gérmenes muertos o inactivados, así como las constituidas por toxoides, pueden administrarse en general durante el embarazo sin problemas, siempre que estén indicadas. Se aconseja que se haga a partir del segundo trimestre. En el primer trimestre dependerá del riesgo que exista.

De forma sistemática, la única vacuna que se recomienda administrar es la del tétanos (en EE.UU. también la difteria, Td), cuya primovacunación completa debería ser concluida antes de finalizar el embarazo. Si ya había recibido la pauta completa de primovacunación, sólo se administrará una dosis de recuerdo en el caso de que hayan transcurrido más de 10 años desde la última dosis.

La lactancia materna no es contraindicación para administrar cualquier tipo de vacuna.



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El conocimiento del cáncer de mama, cérvix y cuerpo uterino supone una necesidad y obligación en la práctica clínica del médico que ejerce en Atención Primaria. Más de la mitad de los pacientes serán mujeres y un alto porcentaje de ellas pertenecerán a un grupo etario en riesgo de enfermar de estas patologías.

El carcinoma de mama es, en España, el más frecuente de los tumores malignos, que afectan a las mujeres (22%) y las posibilidades de su control están en relación con la precocidad con que se haga el diagnóstico. Por otra parte, el cáncer de cérvix invasor es susceptible de prevención secundaria mediante una técnica de detección simple y asequible al médico de Atención Primaria como es la citología vaginal exfoliativa.

Por último, la neoplasia maligna originada en el cuerpo uterino, especialmente del endometrio, podría ser detectada selectivamente, reconociendo mujeres con nivel alto de riesgo de padecer la enfermedad.

Conocer los factores de riesgo, síntomas y signos iniciales, formarse en técnicas de detección sencillas, no demorar la consulta con el especialista e instar a las pacientes seleccionadas a acudir a revisiones periódicas, es fundamental para intentar lograr un mejor control de estas enfermedades y mayores probabilidades de supervivencia para las pacientes que padezcan la enfermedad.



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El incremento no sólo de la esperanza de vida, sino también de los deseos de que ésta sea de una mejor calidad, han originado que la menopausia, considerada hasta hace unos años como otra etapa más de la vida adquiera en los países industrializados un papel protagonista, de forma que el médico de Atención Primaria se encuentra a diario con mujeres que solicitan información sobre las ventajas e inconvenientes de los diferentes tratamientos al respecto, así como de los hábitos higiénico-dietéticos recomendables.

Desde el punto de vista médico, la menopausia consiste en la desaparición de la función de un órgano endocrino (el ovario), lo que origina una deprivación estrogénica permanente que produce alteraciones importantes en el organismo de la mujer.

Uno de los aspectos más controvertidos es acerca de si se debe considerar una situación fisiológica o, por el contrario, se trata de la alteración de un órgano endocrino ante la que hay que adoptar una actitud terapéutica.

En general, el cese de la función ovárica no se instaura de forma súbita; se denomina perimenopausia o climaterio a la etapa de la vida en la que aparecen las primeras manifestaciones clínicas y hormonales de fallo ovárico hasta 1-2 años después de la última menstruación (o menopausia).

Dado que no todas las mujeres experimentan los mismos síntomas ni en el mismo orden de aparición y que el término menopausia hace referencia especialmente a la última menstruación (para lo que deben transcurrir entre 6-12 meses sin menstruaciones posteriores), creemos más oportuno la utilización del término perimenopausia para referirnos a esta etapa.



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Aparece poco después de la menarquía y es más severa en mujeres jóvenes y nulíparas; con el paso del tiempo y la paridad tiende a disminuir e, incluso, desaparecer. Las características del dolor son semejantes en los distintos ciclos y es imprescindible que se produzca la ovulación. El dolor es espasmódico o cólico, se localiza en el hipograstrio y con cierta frecuencia se irradia a la zona lumbar y hacia las piernas; comienza horas antes de iniciarse el flujo menstrual y dura desde unas horas a 1-2 días.

El mecanismo fisiopatológico parece ser un incremento de la síntesis de ciertas prostaglandinas secundario a la producción inadecuada de progesterona durante la fase lútea del ciclo, lo que origina una contracción intensa de la musculatura uterina.

El diagnóstico de dismenorrea primaria se realiza en función de la historia clínica y de la mejoría con el tratamiento; si no se cumple este último requisito se debe sospechar que se trate de una dismenorrea secundaria y realizar la valoración diagnóstica pertinente.



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Se considera como resultado de la incapacidad persistente o recurrente para la obtención y mantenimiento de las respuestas de lubricación y tumescencia de la fase de excitación hasta la finalización de la actividad sexual (DSM-IV).

Suele ser un trastorno acompañado de alteraciones del deseo sexual y/o de la fase orgásmica, con escasa incidencia como un fenómeno aislado. La frecuencia citada en la práctica clínica alcanza del 30 al 60% según los autores, lo que pone de relieve la significación del trastorno de la excitación en las mujeres.

Respecto a las causas orgánicas que puede originar el trastorno, se han citado principalmente las alteraciones neurológicas y hormonales, así como los períodos del puerperio y la menopausia. En los aspectos psicológicos se señalan entre otros los factores relacionados con la ignorancia o el desconocimiento sexual, sensaciones de vergüenza ante la excitación sexual, un contexto situacional antierótico, una pobre relación de pareja o circunstancias de temor anticipatorio ante un fracaso sexual y la ansiedad para un buen rendimiento sexual.

La intervención terapéutica sugerida tras un diagnóstico diferencial de los procesos orgánicos, precisa el aporte de información general y educativa. La estrategia terapéutica consiste en técnicas de focalización sensorial, habilidades de autoestimulación e interacción sexual progresivas con la pareja, además del entrenamiento de la musculatura pubococcígea perineal (ejercicios de Kegel). En general, se refiere un pronóstico satisfactorio en un 75-80% de los casos.



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La incidencia del cáncer de endometrio ha ido aumentando desde hace 25 años, fundamentalmente en países desarrollados, en los que hoy representa la localización más frecuente del cáncer del aparato genital, excluida la mama (De Vita, 1988); publicaciones de Estados Unidos sitúan una tasa de incidencia por cáncer de endometrio en 45,8/100.000 mujeres en el estado de California y de 21,2/100.000 para la población global de Estados Unidos en el período de 1986 a 1990 (Miller, 1993), en Alemania la incidencia es de 33,8/100.000 mujeres y en España la incidencia es desconocida, siendo de 17,6 y 18,9/100.000 mujeres para Navarra y Asturias, respectivamente (Solís, 1988).

Probablemente el aumento de la incidencia de la enfermedad esté en relación con varios hechos como son: el aumento de longevidad de las mujeres, la disminución de la patología maligna del cérvix y la terapia con estrógenos en la menopausia. La mayoría de los casos aparecen entre los 60 y 70 años; sólo el 4% aparece antes de los 40 años y sólo el 1% de las pacientes son premenopáusicas (Annual Report, Vol. 20, 1988).

La tasa de mortalidad por cáncer de útero en España (datos de 1987) es de 7,1/100.000 mujeres (OMS, 1991) superior a la mayoría de los países europeos, excepto Austria, Alemania y Francia, que tienen tasas de: 11,1-7,8 y 8,3/100.000 mujeres, respectivamente (OMS, 1991). Datos de 1995 informan una tasa de mortalidad ajustada para la edad de 3,8/100.000 (Wingo, 1995).



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El síntoma más precoz y constante es la metrorragia, que se presenta en el 85% de los casos; a menudo es discreta y mal valorada por el médico y la paciente, lo que explica la demora entre el inicio del síntoma y el diagnóstico.

La hemorragia suele ser espontánea, intermitente, escasa y de corta duración, presentándose en ocasiones en forma de hidroleucorrea rosada o leucorrea purulenta fétida (piometra). La expulsión de detritos o pequeñas masas tumorales por la vagina es infrecuente.

Las manifestaciones dolorosas son raras, sólo se presentan en el 3% de los casos y traducen estadios avanzados.

La hemorragia uterina posmenopáusica siempre debe hacer sospechar un adenocarcinoma de endometrio, ya que un tercio de mujeres con este síntoma lo tendrán. Asimismo, habrá que sospechar su presencia en mujeres en edad premenopáusica que tengan pérdidas intermenstruales. En ambos casos la derivación a la atención especializada debe ser inmediata para descartar o confirmar la enfermedad.

El diagnóstico es histológico. La muestra se obtiene por legrado uterino fraccionado, del canal endocervical y la cavidad uterina, bajo anestesia general o mediante biopsia ambulatoria, utilizando microlegras o cánulas de aspiración (Novak, Randall, Kerkovian o Vabra), tomando muestras de las cuatro caras y ambas zonas cornuales de la cavidad uterina.



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Es otra forma grave de trastornos de la conducta alimentaria, que se da especialmente en mujeres adultas, que puede coexistir o no con obesidad, ya que los pacientes presentan como síntoma predominante los episodios frecuentes de atracones compulsivos o binge eating disorders (BED). Éstos se siguen de un profundo sentimiento de culpabilidad, llegando a provocarse el vómito, o a la toma de laxantes y/o diuréticos. Incluso pueden pasar días de ayuno o de dieta muy hipocalórica. Pero poco tiempo después sufren otros episodios de BED.

Criterios diagnósticos

Siguiendo a la American Psychiatric As. Practice Guidelines for Eating Disorders (1993), son los siguientes:

1. Episodios recurrentes de BED de, por lo menos,2 veces por semana, durante 3 o más meses.
2. Sentimiento de pérdida del control durante estos episodios.
3. Episodios de autoinducción al vómito, toma de laxantes y diuréticos, períodos de dieta estricta o incluso ayuno.
4. Un persistente interés excesivo acerca del peso y tamaño corporales.

El tratamiento de la bulimia nerviosa, en el momento actual, debe ser dirigida por el equipo de psiquiatría experto en el tema. No debe caerse en el error de indicar dietas hipocalóricas a las personas que acuden a la consulta a causa del exceso de peso, y en las que se sospecha que cumplen los criterios de bulimia. Ello no haría más que aumentar los episodios de BED, seguido de un sentimiento de culpabilidad, etc. Más adelante, y de acuerdo con el psicoterapeuta, puede intentarse poner orden en la dieta diaria, siempre de tipo hipocalórico moderado y sin que el/la paciente abandone el control por el psiquiatra.

Algunos autores creen que la bulimia nerviosa y la anorexia nerviosa son formas clínicas de la misma enfermedad, la bulimorexia, pero este extremo es negado por otros.
Las más que posibles alteraciones del sistema serotoninérgico en la génesis y mantenimiento de algunas formas de bulimia y de anorexia es quizá la expresión de la complejidad de los trastornos de la conducta alimentaria. Su clasificación actual no es la



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Se considera como resultado de la incapacidad persistente o recurrente para la obtención y mantenimiento de las respuestas de lubricación y tumescencia de la fase de excitación hasta la finalización de la actividad sexual (DSM-IV).

Suele ser un trastorno acompañado de alteraciones del deseo sexual y/o de la fase orgásmica, con escasa incidencia como un fenómeno aislado. La frecuencia citada en la práctica clínica alcanza del 30 al 60% según los autores, lo que pone de relieve la significación del trastorno de la excitación en las mujeres.

Respecto a las causas orgánicas que puede originar el trastorno, se han citado principalmente las alteraciones neurológicas y hormonales, así como los períodos del puerperio y la menopausia. En los aspectos psicológicos se señalan entre otros los factores relacionados con la ignorancia o el desconocimiento sexual, sensaciones de vergüenza ante la excitación sexual, un contexto situacional antierótico, una pobre relación de pareja o circunstancias de temor anticipatorio ante un fracaso sexual y la ansiedad para un buen rendimiento sexual.

La intervención terapéutica sugerida tras un diagnóstico diferencial de los procesos orgánicos, precisa el aporte de información general y educativa. La estrategia terapéutica consiste en técnicas de focalización sensorial, habilidades de autoestimulación e interacción sexual progresivas con la pareja, además del entrenamiento de la musculatura pubococcígea perineal (ejercicios de Kegel). En general, se refiere un pronóstico satisfactorio en un 75-80% de los casos.



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El carcinoma primario de la vagina es un cáncer sumamente raro (alrededor d 0,6 casos anuales cada 100.000 mujeres) y representa aproximadamente el 1% de las neoplasias malignas del aparato genital femenino; de ellos, el 95% son carcinomas epidermoides.

La mayor parte se asocia al VPH, el principal factor de riesgo es un cáncer de cuello uterino o de vulva; el 1-2% de las pacientes con un carcinoma cervical infiltrante acaba padeciendo un carcinoma epidermoide de vagina.

Estas lesiones llaman por vez primera la atención de la paciente por la aparición de un manchado irregular o de abundante exudado vaginal (leucorrea). Otras veces permanecen totalmente silentes y sólo se manifiestan clínicamente por la aparición de fístulas urinarias



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La infección aguda de la glándula de Batrholin produce una inflamacion aguda de la glándula (adenitis) y puede causar un acceso de Bartholin.

Los quistes de Bartholin son bastante frecuentes, aparecen a cualquier edad y se deben a obstrucción del conducto de Bartholin, precedida generalmente por una infección.

Estos quistes pueden alcanzar un tamaño bastante grande, de 3 a 5 centímetros de diámetro. Este quiste esta tapizado por el epitelio de transición del conducto normal de la glándula o por un epitelio con metaplasia escamosa.

Los quiste producen dolor y molestias locales, y pueden ser extirpados o abiertos de forma permanente en un proceso que se denomina “marsipialización”.