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En la clínica práctica se encuentran tres tipologías de pacientes deprimidos: a) debido a una situación social penosa; b) debido a una enfermedad corporal, sobre todo si causa dolor, y c) como manifestación de un trastorno primario del estado de ánimo, es decir, un trastorno depresivo en sentido estricto.

En cualquiera de estas tres circunstancias el clínico debiera llegar a la sospecha de depresión no sólo a partir de la expresividad verbal, sino también la no verbal, ya que algunos pacientes están especialmente infradotados para comunicar a nivel verbal sus emociones (alexitímicos) (Skipko, 1982).

Por consiguiente, dominar la lectura de la expresividad facial puede ser un test barato y rápido para la detección de la disforia. La irritabilidad excesiva debiera también poner al profesional en la pista, pues suele ser una conducta compensatoria de la depresión.

Otra característica del deprimido es ponerse a llorar ante un mínimo señalamiento del tipo: «Me parece verle/la más apagada (o triste) de lo habitual…» A la inversa: sospeche de aquel paciente que se declara deprimido, pero acude perfectamente arreglado a la consulta. Posiblemente no lo sea o tenga un concepto particular de esta palabra.


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Un estudio científico realizado por investigadores del Reino Unido intentó probar el efecto del masaje infantil como terapia para calmar el llanto, dolor y mejorar la calidad de sueño de los bebes.

La investigación se hizo con el fin de darle un sustento científico a este método que se viene usando desde hace muchos años en las culturas asiáticas y que además de las propiedades mencionadas, también ayudaría a mejorar su desarrollo y crecimiento.

Con este fin se realizó un análisis de 23 ensayos clínicos en bebes de seis meses o menos e vida de varias partes del mundo (China, Gran Bretaña, Estados Unidos) que recibían masajes o no al azar.

Los resultados fueron variables, en nueve estudios se demostró que el masaje mejoraba la calidad de sueño y calmaba su llanto, otros estudios arrojaron que estos masajes disminuían los niveles séricos de ciertas hormonas de estrés. Cabe mencionar que en estos mismos nueve estudios no probaron que el masaje tenga algún efecto sobre el crecimiento o desarrollo de los bebes.

Lo que tampoco se pudo establecer es en que condición o por cuanto tiempo se debe aplicar el masaje. O sea no se pudo estandarizar una técnica para el mismo.