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El término galactorrea se utiliza para designar la secreción mamaria láctea fuera del contexto fisiológico, esto es, en mujeres nulíparas o tras 6 meses del parto en mujeres no lactantes. Puede aparecer también en hombres pero es muy raro y si se presenta suele hacerlo sobre el fondo de un estado feminizante.

La etiología de la galactorrea es muy diversa; sin embargo, el mecanismo fisiopatológico subyacente es el mismo: la hiperproducción de prolactina, ya sea gracias al incremento del factor liberador o como consecuencia de un fallo de la inhibición de su producción o bien como resultado de una producción autónoma. A este respecto creemos imprescindible realizar el comentario siguiente: la existencia de una galactorrea no implica el hallazgo de concentraciones elevadas de prolactina y viceversa.

En efecto, hasta el 46% de las pacientes con galactorrea pueden presentar concentraciones séricas de prolactina dentro de los límites normales; se supone que en estos casos ha existido un período transitorio de hiperprolactinemia y una vez la secreción mamaria se ha establecido se mantiene a pesar de que los valores de prolactina recuperen sus valores normales (se trataría de situaciones equiparables a lo que acontece en la lactancia).

En el otro extremo, no todas las hiperprolactinemias se asocian con galactorrea ya que es necesario que las mamas tengan un medio endocrino adecuado para que se origine la secreción láctea. A este respecto, y como vimos en el apartado de los trastornos menstruales, la hiperprolactinemia puede cursar exclusivamente con ameno u oligomenorrea.


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En algunos individuos las células de la mucosa del intestino delgado no producen lactasa, la cual es esencial para la digestión de la lactosa. Esta situación recibe el nombre de intolerancia a la lactosa.

La lactosa no digerida retiene líquido, y la fermentación bacteriana de la lactosa da por resultado la producción de gases. Sus síntomas incluyen diarrea, gas, meteorismo y cólico abdominal después de una ingesta de leche o algún producto lácteo.

La gravedad de los síntomas varía, tal vez de acuerdo a la adaptación de la dieta, y en general no representan problemas médicos mayores. La intolerancia a la lactosa en ocasiones se presenta después de alguna cirugía gástrica.


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Los bebés que nacen durante los meses de invierno pesan menos que los que lo hacen durante los meses de verano. El estudio se llevó a cabo en Israel durante un período de seis años, en este tiempo se pesaron a casi 300.000 recién nacidos.

La causa estaría en que las embarazadas absorben menos vitamina D en los últimos meses de embarazo en invierno ya que el sol en esta época del año es menos potente.

La vitamina D en un compuesto liposoluble que interviene en la absorción de calcio y fósforo en el intestino. El calcio es fundamental para el desarrollo de huesos y dientes.

La vitamina D se encuentra en alimentos como el huevo (yema), en los aceites de hígado de pescado y en los lácteos. Para su síntesis es necesario la exposición a la luz solar.

Cuando existe carencia de esta vitamina en las fases precoces del desarrollo se pueden producir trastornos dentales, malformaciones óseas y alteraciones metabólicas y hormonales. Los requerimientos diarios de vitamina D son de 400 unidades internacionales (UI), cantidad que equivale a un vaso de leche (250 centímetros cúbicos) al día.