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El requerimiento de hierro aumenta desde 0,8 mg/día al principio de la gestación hasta 10-12 mg/día el último mes. La falta de menstruación y el aumento en la absorción (hasta el 400% al final del embarazo), no cubren las necesidades y la madre sufre una pérdida neta de unos 600 mg de hierro. Para cubrir este déficit la embarazada necesitaría un suplemento de 2 mg al día durante todo el embarazo (o 4 mg al día los últimos 4 meses), además de las necesidades normales de hierro (1-2 mg/día).

La dieta habitual en España contiene entre 1 y 20 mg de hierro; el porcentaje de hierro absorbido varía del 10 al 90%, dependiendo de la cantidad ingerida, forma, etapa del embarazo, depósitos de hierro en el organismo y de la clase de comida con que se toma.

Debido a estas grandes variaciones y a que los depósitos de hierro en las mujeres en edad fértil acostumbran a estar bajos o muy bajos, se aconseja suplementar con 30-60 mg de hierro elemental, en forma de sulfato, fumarato o gluconato ferroso por vía oral, que se absorbe mejor en medio ácido. La administración intramuscular o intravenosa puede provocar reacciones anafilácticas graves y la primera se ha relacionado con la aparición de sarcomas en el punto de inyección.

En la lactancia, aunque las pérdidas de hierro por la leche son menores que en la menstruación, conviene mantener los suplementos, en especial en las mujeres que habían padecido anemia o hemorragias importantes.


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El 30% de nacidos no reciben lactancia materna, sino sucedánea. Ello tiende a disminuir en niveles socioculturales medio-altos, pero aumenta en los niveles bajos y en situaciones problemáticas de madre trabajadora.

Como cualquier otro acto biológico la lactancia materna no precisaría justificación biológica, pero dada la situación cultural desfavorable al amamantamiento humano, si que es necesario insistir en su conveniencia.

Se pueden aducir varias razones para aconsejarla como opción prioritaria frente a sucedáneos:
1. La mejor inmunidad local digestiva y respiratoria del niño.
2. La ausencia de alergias homólogas.
3. La relación afectiva: el intenso contacto físico y visual favorecen la protectora satisfacción materna.
4. La involución uterina posparto más rápida.
5. La reducción de la tasa de neoplasia mamaria en madres lactantes.
6. La temperatura e higiene están mejor garantizadas.
7. Las razones económicas.

Desde el nacimiento hasta el 5.º día se produce el calostro, rico en proteínas, y hasta el 15.º día la leche de transición con mayor cantidad de lactosa y de grasas y a partir de los 15-30 días la leche ya es madura.