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 Como norma general hay que señalar que el vértigo aislado no puede considerarse como un signo de IVB ya que para sustentar dicho diagnóstico es preciso que se acompañe de otros síntomas o signos característicos de este proceso (diplopía, ataxia, cefalea occipital, disartria, etc.).

Sin embargo, excepcionalmente un vértigo típicamente periférico puede ser el pródromo de un infarto en el territorio de la arteria cerebelosa anteroinferior (que cursará con hipoacusia y parálisis facial periférica homolateral).

La IVB no se manifiesta de una forma crónica durante meses o años sino que, como todo proceso cerebrovascular, tendrá una duración recortada (de minutos a pocas semanas). Ciertos procesos como el infarto y la hemorragia cerebelosa o los accidentes vasculares de tronco cerebral pueden manifestarse por un vértigo agudo e intenso a veces con vegetatismo, y es por ello importante la exploración neurológica completa en busca de signos de disfunción del tronco o del cerebelo.


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La utilidad del ECG en Atención Primaria es clara, pero se debe señalar que los datos clínicos han de acompañarse de un claro conocimiento de las limitaciones de la electrocardiografía, ya que la sobreinterpretación de un ECG puede llevar al diagnóstico de graves cardiopatías sin que existan. Se han propuesto las siguientes indicaciones del ECG en Atención Primaria.

1. En protocolos de patologías crónicas: enfermedad pulmonar obstructiva crónica, diabetes, hipertensión arterial.
2. Pacientes con clínica sugestiva de cardiopatía isquémica.
3. Pacientes con clínica sugestiva de alteraciones del ritmo cardíaco.
4. Comprobación del funcionamiento de un marcapasos.
5. Pacientes con cardiopatía orgánica conocida.

El ECG como cribado en pacientes sanos tiene sus defensores y detractores. Los primeros apoyan su utilidad en el coste relativamente barato de la prueba y en la posibilidad que aportaría la realización de ECG a pacientes asintomáticos, de tener una referencia y poder llevar a cabo comparaciones en los cuadros de dolor torácico atípico, permitiendo mayor seguridad diagnóstica en la interpretación de la prueba (Paredes, 1993). Sin embargo, el elevado índice de resultados falsos positivos, que llevarían a otras pruebas y el coste que supondría la cantidad de pruebas innecesarias realizadas, desaconsejan el ECG sistemático en pacientes asintomáticos.


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Aunque la prevalencia actual en no está todavía bien definida, constituye probablemente la presentación clínica de la enfermedad coronaria con la que el médico de familia va a tener que enfrentarse más a menudo.

Se define como un dolor o molestia en la región precordial causado por isquemia miocárdica, sin llegar a producir necrosis. La descripción de Heberden en 1768, del dolor de carácter constrictivo, con sensación de estrangulamiento, localización retroesternal e irradiación al brazo izquierdo sigue en vigor y, aunque ha pasado mucho tiempo y se han producido grandes avances tecnológicos, el diagnóstico de esta entidad sigue siendo eminentemente clínico. Un buen interrogatorio no debe ser sustituido por ninguna exploración complementaria para llegar al diagnóstico.

Características del dolor anginoso, tipo de dolor: suele ser de carácter opresivo, como un «peso», o de tipo constrictivo, que el paciente señala como una «garra» en el centro del pecho.

Localización e irradiación: precordial, retroesternal. Puede irradiar a hombros y brazos, especialmente el izquierdo, por la región cubital, muñeca, cuello, maxilar inferior (simulando una odontalgia) y más raramente a escápula y epigastrio («indigestión»).

Duración: dura unos minutos. Si dura más de 20-30 minutos hay que considerar la posibilidad de un infarto agudo de miocardio, aunque puede tratarse de una angina prolongada.

Factores desencadenantes: esfuerzo, emociones, comidas copiosas y, en general, cualquier situación que provoque un aumento del consumo miocárdico de oxígeno. El frío y especialmente caminar con viento de cara son desencadenantes habituales de la angina de pecho.


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La cardiopatía coronaria puede adoptar diferentes formas clínicas, de las cuales la angina de pecho y el infarto agudo de miocardio son las más frecuentes. En ocasiones la enfermedad puede presentarse sin dolor, como en la insuficiencia mitral, algunas arritmias y en la denominada isquemia silente.

Algunos pacientes con aterosclerosis coronaria importante pueden presentar episodios de isquemia miocárdica que no se acompañan de angina y que pueden diagnosticarse mediante monitorización del ECG (electro cardio grama), ya sea ambulatoria (Holter) o en la unidad coronaria.

Alrededor del 75% de los pacientes con lesiones coronarias significativas muestra descenso del segmento St durante la actividad diaria pero sólo un tercio de estos episodios se acompaña de dolor, estos cambios de la repolarización ventricular sin dolor anginoso asociado se han demostrado también en pacientes con angina variante, en los que se atribuye a espasmos coronarios transitorios.

Por el contrario, las alteraciones del segmento ST en individuos sin enfermedad coronaria durante un registro electrocardiográfico de 24 horas (Holter) son extremadamente raras si e utiliza un equipo adecuado.