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Es la patología del sueño más común y se considera que el 35% de la población la padece. Los dos puntos más importantes para evaluar el insomnio son la cronicidad y el grado de somnolencia residual diurna.

La existencia de períodos de insomnio de duración inferior a un mes suelen relacionarse con cambios físicos, médicos, psicológicos o de hábitos de los pacientes (cambio del trabajo). En estas situaciones el insomnio se resuelve con el tratamiento o estabilización de la causa desencadenante.

El segundo aspecto, somnolencia residual diurna, es muy importante a la hora de evaluar si estamos frente a un auténtico insomnio. La necesidad de sueño es muy variable en los diferentes sujetos y se relaciona con la edad y la actividad de la persona.

Muchos pacientes tienen la falsa sensación de sufrir insomnio ya que tienen la tendencia a subestimar el tiempo que están durmiendo y a sobrevalorar el tiempo que tardan en dormirse. Por ello hay que mentalizar tanto al paciente como al propio médico de que si el sujeto que se queja de insomnio no presenta somnolencia diurna ni interferencias en su actividad cotidiana no está sufriendo un insominio verdadero. En estos casos no está indicado ni realizar exámenes complementarios ni iniciar tratamiento con hipnóticos.


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Al menos tres alteraciones del sueño son importantes en la clínica, la narcolepsia (narke= sueño; lepsis= convulsión) es una condiciíon de ataques involuntarios de sueño que duran por lo menos 15 minutos y que se pueden presentar a cualquier hora del día. Es una incapacidad del estado de alerta para inhibir el sueño de movimientos oculares rápidos.

El insomnio (in= no; somnus= sueño) consiste en la dificultad para conciliar el sueño y por lo general se presenta en forma de vigilia frecuente. Se puede relacionar a alteraciones específicas o a factores secundarios, tanto médicos como psiquiátricos.

Una razón por la que las pastillas para dormir como los barbitúricos no funcionan en el control del problema del insomnio, es que estos fármacos interfieren con los patrones normales del sueño, y en especial reducen la duración relativa del sueño de movimiento oculares rápidos.

La hipersomnia se refiere al sueño excesivamente largo o profundo del cual una persona no puede despertar a menos que se lo estimule en forma vigorosa. Se puede asociar a un estado de intoxicación.


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Son muchas las personas que sufren trastornos de sueño, de hecho es uno de los motivos más frecuentes de consulta en la practica médica habitual, y su tratamiento se basa en el diagnóstico adecuado. Aunque no se conoce la función precisa del sueño, cuando este es adecuado mejora la calidad del estado de vigilia durante el día, lo cual hace necesario usar de manera sensata los hipnóticos para no causar peores trastornos.

Se cuenta con diversos agentes farmacológicos para tratar el insomnio. El hipnótico “perfecto” permitiría que ocurriera un sueño de estructura normal, en vez de alterar su perfil por medios farmacológicos. No dejaría secuelas al siguiente día, como ansiedad de rebote o sedación sostenida. No interactuaría con otros fármacos. Podría proporcionar al largo plazo sin causar dependencia o insomnio de rebote al interrumpir su administración.

El ejercicio moderado regular satisface estos criterios, pero en muchos casos no es eficaz por si solo, y los pacientes con enfermedades cardiorespiratorias importantes quizá no tengan la habilidad para realizar ejercicio. Sin embargo, incluso los grados pequeños de ejercicio suelen ser eficaces para promover el sueño.


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Según un estudio realizado en EEUU  uno de cada seis americanos tiene problemas para conciliar el sueño, y hasta un 4,5% utiliza o utilizó alguna clase de medicina alternativa como tratamiento.

Estos datos se recogieron en una Encuesta Nacional sobre la Salud que se realizó en el 2002. Los estudios indicaron que la mayoría de personas con problemas para dormir utilizaban desde hierbas hasta métodos de relajación para contrarrestar el insomnio.

El 17,4% de los encuestados menciono haber tenido problemas para conciliar el sueño en el último año. El 4,5% de estos (1,6 millones de personas) usaban terapias alternativas, y el 60% de estos últimos le habían comentado a su médico que las estaban usando. Estas técnicas eran más utilizadas entre los jóvenes, y sobre todo con buen nivel educativo.

Esta encuesta también arrojó que las con trastornos de depresión y ansiedad eran mucho más propensas a padecer insomnio, y que ciertas patologías cardiovasculares también elevan el riesgo de padecer dificultades para dormir.

A diferencia de lo que se creía y de lo que estudios previos indicaban, los problemas para dormir eran menos frecuentes en adultos mayores y que era mas común entre las personas de 45 a 54 años.