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Su influencia sobre el crecimiento en longitud es moderada, pues a diferencia de la GH no tienen ningún efecto sobre la proliferación celular pero son de extrema importancia para la maduración ósea y el desarrollo del sistema nervioso central.

En el hombre el desarrollo y la mielinización del sistema nervioso central se producen desde la mitad de la gestación al segundo año de vida posnatal. Si el déficit de hormonas tiroideas se produce cuando se han completado estos procesos sólo ocasionará un intenso retraso estatural y de maduración ósea, sin déficit intelectual.

Además de un efecto directo sobre el hueso, las hormonas tiroideas estimulan la liberación de GH por la hipófisis, aumentan la concentración de IGF-I y potencian la acción de la IGF-I sobre los tejidos periféricos.


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Las acciones de la GH están mediadas a través de péptidos conocidos como somatomedinas (Sm) o insulin-like growth factor (IGF), que tienen una estructura similar a la insulina humana y se sintetizan fundamentalmente en el hígado. En el plasma humano se han aislado dos IGF (la IGF-I o somatomedina C y la IGF-II). Actúan estimulando el crecimiento del cartílago favoreciendo la incorporación de sulfato a los mucopolisacáridos; y a la vez ejercen un control negativo sobre la liberación de las hormonas hipotalámicas (GHRH, SS) y de la GH.

Las concentraciones de SmC/IGF-I son dependientes de la GH y, además, varían con la edad, siendo bajos en las etapas iniciales de la infancia, máximos en la adolescencia y descienden a partir de los 50 años.

Las somatomedinas están bajo otras influencias, además de la GH: los estados de malnutrición, las enfermedades crónicas, el ayuno o la diabetes producen su disminución y, por el contrario, están elevadas en los niños obesos.


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El tratamiento hormonal sustitutivo (THS) consiste en la administración de estrógenos, preferentemente naturales, con la intención de sustituir los que el ovario ya no produce. Las dosis utilizadas son menores que las del tratamiento hormonal anticonceptivo ya que no se trata de suprimir el pico ovulador de FSH sino de reemplazar la producción ovárica.

La utilización del THS, como cualquier otro tratamiento, se basa en el binomio beneficios-riesgos. Así, el THS es eficaz en el tratamiento de los síntomas que acompañan a la menopausia (sofocos, atrofia genitourinaria) y en la reducción del riesgo de osteoporosis y del riesgo cardiovascular.

En cuanto a los riesgos potenciales, no hay evidencia de que la administración durante 5 años de las dosis de estrógenos utilizadas en el THS originen un incremento en la incidencia de cáncer de mama, y el riesgo potencial de cáncer de endometrio desaparece si a las pacientes no histerectomizadas se añade un progestágeno durante 10-14 días de cada ciclo.


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El incremento no sólo de la esperanza de vida, sino también de los deseos de que ésta sea de una mejor calidad, han originado que la menopausia, considerada hasta hace unos años como otra etapa más de la vida adquiera en los países industrializados un papel protagonista, de forma que el médico de Atención Primaria se encuentra a diario con mujeres que solicitan información sobre las ventajas e inconvenientes de los diferentes tratamientos al respecto, así como de los hábitos higiénico-dietéticos recomendables.

Desde el punto de vista médico, la menopausia consiste en la desaparición de la función de un órgano endocrino (el ovario), lo que origina una deprivación estrogénica permanente que produce alteraciones importantes en el organismo de la mujer.

Uno de los aspectos más controvertidos es acerca de si se debe considerar una situación fisiológica o, por el contrario, se trata de la alteración de un órgano endocrino ante la que hay que adoptar una actitud terapéutica.

En general, el cese de la función ovárica no se instaura de forma súbita; se denomina perimenopausia o climaterio a la etapa de la vida en la que aparecen las primeras manifestaciones clínicas y hormonales de fallo ovárico hasta 1-2 años después de la última menstruación (o menopausia).

Dado que no todas las mujeres experimentan los mismos síntomas ni en el mismo orden de aparición y que el término menopausia hace referencia especialmente a la última menstruación (para lo que deben transcurrir entre 6-12 meses sin menstruaciones posteriores), creemos más oportuno la utilización del término perimenopausia para referirnos a esta etapa.


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Existe un gran debate hasta el día de hoy sobre el uso de los anticonceptivos orales (ACO), ya se conocen varios efectos adversos importantes, sobre todo a largo plazo, pero de todas formas su uso en el plano de la planificación familiar es indiscutido.

Recientemente se publicó un estudio en donde indica que esta terapia hormonal sustitutiva protegería a largo plazo del cáncer de ovario a las mujeres menores de 75 años que consumieron ACO.

La investigación fue llevada adelante por Group on Epidemiological Studies of Ovarian Cancer (Universidad de Oxford), y se publicó en la revista británica “the Lancet”. Se estima que los ACO han prevenido cerca de 200.000 cánceres de ovario, y unos 100.000 fallecimientos más.

El equipo se basó en estudios epidemiológicos de cáncer de ovario y se revisaron 110.000 casos de mujeres, de las cuales 23.257  presentaban esta enfermedad. Los investigadores también notaron que este tipo de cáncer es mucho más frecuente en países pobres, en donde el número de mujeres que consume ACO es mucho menor.

De todas formas, este tipo de cáncer depende de otros factores además de la cantidad de estrógenos.