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La insuficiencia respiratoria crónica (IRC) únicamente puede diagnosticarse mediante la obtención de una muestra de sangre arterial (gasometría arterial) respirando aire ambiente si se confirma la presencia de hipoxemia persistente (PaO2 < 60 mmHg), con hipercapnia (PaCO2 > 45 mmHg) o sin ella.

El fracaso primario del intercambio de gases se traduce inicialmente por la presencia de hipoxemia sin hipercapnia. Las causas más frecuentes son la disminución de la fracción inspirada de oxígeno, las alteraciones en la relación ventilación/perfusión y el shunt. La mayoría de las enfermedades pulmonares pueden conducir a un fracaso del intercambio de gases tanto si afectan básicamente el parénquima (neumonía) como la pared alveolar y el intersticio (enfisema o fibrosis) o los bronquios (bronquitis crónica). En los estadios más evolucionados la hipoxemia crónica puede acompañarse de hipercapnia.

Los gases se mueven a través del pulmón por diferencias de presión entre la atmósfera y el alveolo. La coordinación entre la caja torácica, los músculos respiratorios y los sistemas nerviosos central y periférico constituyen la «bomba» ventilatoria que genera las diferencias de presión. El fracaso de la «bomba» ventilatoria conduce a la IRC en la que, además de la hipoxemia más o menos importante, se caracteriza por la presencia de hipercapnia. En estos casos la afectación parenquimatosa o bien no existe o bien no es la causa primaria de la IRC.


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Se denomina ahogamiento a la asfixia secundaria a la inmersión. El ahogamiento accidental es un fenómeno frecuente, a menudo grave y muchas veces mortal. Se calcula que cada año fallecen 150.000 personas en el mundo por este motivo, lo que supone 5 muertes por cada 100.000 habitantes. Probablemente, el número de accidentes acuáticos en los que el ahogamiento no causó la muerte del accidentado es mucho mayor. Alrededor del 40% de estos accidentes ocurren en niños menores de 4 años.

La causa más común de muerte en los ahogados es la asfixia. La víctima de ahogamiento pasa por las siguientes fases: pánico, respiración ansiosa, apnea, deglución de agua o jadeo, aspiración de agua, pérdida de conciencia y paro cardíaco.

Otros mecanismos incluyen el paro cardíaco tras la inmersión en agua fría, secundaria a estimulación vagal o a fibrilación ventricular.

La extensión de la lesión en el SNC se relaciona con la duración de la hipoxia, aunque la hipotermia que suele acompañar a estas situaciones reduce el requerimiento de oxígeno del cerebro.