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Los datos analíticos imprescindibles para  una correcta valoración general del paciente hipertenso son: glucemia, creatinina plasmática, uricemia, potasemia, colesterolemia total y la investigación de proteinuria y microhematuria. La determinación sérica de triglicéridos y de HDL-colesterol dependerá de la detección previa de cifras elevadas de colesterol total.

La investigación sistemática de la presencia de microalbuminuria es obligatoria en los diabéticos y recomendable en hipertensos sin afectación conocida de órganos diana en los que surjan dudas sobre la necesidad de instaurar un tratamiento farmacológico. Su cribado puede realizarse mediante tiras reactivas o métodos cuantitativos en muestras de orina primomatinal. En casos de positividad, deberá confirmarse, al menos en dos ocasiones más, preferentemente con la determinación de la excreción urinaria de albúmina en orina de 24 horas.

Otras determinaciones analíticas se solicitarán en función de la sospecha de HTA secundaria y/o patologías asociadas, basados en los conocimientos sobre la eficacia diagnóstica de cada prueba y su contribución a la toma de decisiones clínicas. Entre ellas están determinaciones sencillas como el hemograma o las pruebas de funcionalismo hepático, o más complejas como las determinaciones de metanefrinas, catecolaminas y ácido vanilmandélico, cortisol, aldosterona y renina plasmáticas y PTH, entre otras.


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La retinopatía diabética forma parte de la enfermedad ocular del diabético, que incluye también la afectación de otras estructuras del ojo: cristalino (cataratas) y cámara anterior (glaucoma).

La diabetes en los países industrializados es la segunda causa de ceguera y la primera en la población de menos de 40 años (80-90% por retinopatía diabética), siendo el riesgo 10 veces superior al de la población general.

La retinopatía es, así mismo, la complicación crónica más frecuente que presentan los pacientes diabéticos. En un amplio estudio transversal sobre muestras aleatorias de los diabéticos atendidos en centros de salud de 6 comunidades autónomas, la prevalencia de retinopatía fue del 35% y la de amaurosis del 3% (GedapS, 1997), que vienen a confirmar los datos obtenidos en diferentes estudios realizados en centros de salud.

Esta prevalencia alcanza el 67% en los diabéticos con 20 años de evolución de los que un 2% sufre amaurosis completa (Klein, 1984). En la diabetes tipo 2, hasta un 3-4% de los pacientes presentan lesiones de retinopatía en el momento del diagnóstico (Krans, 1992).

Los factores que aumentan el riesgo de retinopatía son: el tiempo de evolución de la diabetes, el sexo masculino, el grado de control glucémico, el hábito de fumar (por la hipoxia consecuencia de la carboxihemoglobina) y la presencia de HTA.