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La enteritis por Salmonella constituye una toxinfección alimentaria que se manifiesta como una diarrea aguda tras un período de incubación de 10 a 48 horas. Suele producir fiebre elevada, dolor abdominal y deposiciones diarreicas, que en ocasiones pueden contener sangre y pus. El cuadro suele ser autolimitado y se resuelve en 3-4 días.

La sospecha diagnóstica se confirma mediante coprocultivos. En general, el pronóstico es bueno y el tratamiento consiste en mantener el paciente con dieta astringente y soluciones de rehidratación si es preciso. El uso de antibióticos de forma rutinaria no está indicado por el peligro del desarrollo de resistencias y la posibilidad de prolongar el período de excreción de la bacteria en heces.


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La gastroenteritis infecciosa es una inflamación o disfunción del intestino producida por un microorganismo o sus toxinas. Se caracteriza por un síndrome diarreico acompañado o no de vómitos y dolor abdominal.

El amplio espectro de manifestaciones clínicas de esta enfermedad responde a la gran variedad de agentes infecciosos involucrados en la misma (bacterias, virus y parásitos). Constituye una de las causas principales de morbilidad a nivel mundial.

La gastroenteritis es más frecuente y grave en el niño que en el adulto, y constituye la principal causa de mortalidad infantil en el mundo. Se estima que en los países en vías de desarrollo (África, Asia y Latinoamérica) mueren anualmente por esta causa alrededor de 4 a 6 millones de niños

Si en los países desarrollados se calcula que los episodios de gastroenteritis infecciosa acontecen entre 2 a 3 veces por año, en los países en vías de desarrollo la frecuencia alcanza hasta 18 a 20 episodios por año.

Por otra parte los episodios prolongados y recidivantes de diarrea en niños favorece la mal nutrición, y en consecuencia, disminuye la capacidad de resistencia a otros agentes infecciosos, lo que compota indirectamente una mayor mortalidad.

En los países desarrollados, las mejores condiciones higiénico-sanitarias, en particular las relacionadas con la transmisión por agua y alimentos resultan lógicamente en menor incidencia.