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La traumatología dentoalveolar es, junto al dolor, procesos agudos inflamatorios y las hemorragias, la situación de urgencia odontológica más específica. Entre las múltiples posibilidades de afectación destacaríamos las fracturas dentales que, dependiendo de su tamaño, precisarían de tratamiento endodóncico. Las luxaciones que precisarían, en la mayoría de los casos, de su recolocación correcta y su fijación mediante una ferulización dental.

Las avulsiones totales de una pieza dental en donde si se trata de una pieza definitiva se deberá proceder a la reimplantación de la pieza en su alveolo dentario, mejorando su pronóstico cuanto menor sea el tiempo que transcurra desde el traumatismo hasta su reimplantación, considerándose 30 minutos el tiempo óptimo para obtener un resultado bueno a largo plazo, disminuyendo esta posibilidad en los casos de tratamiento realizado después de las 2 horas.

También es muy importante el medio de conservación de la pieza hasta que se reimplante, debiéndose recomendar sumergirla en leche, suero fisiológico o en contacto con saliva dentro de la propia boca del paciente o incluso en la de un familiar. Posteriormente se deberá ferulizar durante unas 2 semanas, y practicar una endodoncia de la pieza afectada. Se recomienda protección antibiótica.


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La osteoporosis (OP) se define como la disminución de masa ósea por unidad de volumen, en relación a la normalidad para una determinada edad, sexo y raza, siendo normales la estructura orgánica y el contenido mineral del hueso. Se caracteriza clínicamente por una susceptibilidad aumentada a sufrir fracturas periféricas y aplastamientos vertebrales en relación a movimientos habituales y/o traumatismos mínimos o inaparentes.

La masa ósea normal no es igual en los dos sexos. El hombre tiene el 30% más que la mujer. La edad también hace variar la cantidad de masa ósea; el hueso cortical alcanza el máximo espesor a los 35 años y el hueso trabecular alcanza su máximo volumen más precozmente, declinando posteriomente de forma progresiva.

La OP se considera un fenómeno patológico en el que estaría acelerada la pérdida de masa ósea en relación con lo que sería la pérdida normal por envejecimiento.

En la actualidad se considera más como un síndrome al que se puede llegar como consecuencia de múltiples procesos que una entidad definida. Se distinguen como OP secundarias aquellas en las que se puede identificar alguno de los factores cuyo papel etiológico parece evidente.


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En un estudio realizado en Universidad de Sydney en Concord (Australia) se demostró que los hombres de más de 60 años con niveles bajos de testosterona en sangre tendrían un riesgo aumentado de sufrir fracturas.

En el estudio participaron 609 hombres con una edad media de 72 años. Entre 1989 y 2005, se les hizo un seguimiento tomando como parámetros los niveles de densidad ósea y ciertos aspectos relacionados con sus estilos de vida. También se tomaron registros seriados de los niveles de testosterona y estradiol en sangre, y se observó la ocurrencia de fracturas.

La investigación arrojó que se produjeron 113 fracturas, y que estas se presentaron con mayor frecuencia en hombres con niveles de testosterona bajos, lo cual afirma la hipótesis de la implicancia de la hormona en la génesis de las fracturas en hombres mayores de 60 años.

Los investigadores recalcaron el hecho de que se puede utilizar la medida de la concentración de testosterona en sangre como parámetro de medida del riesgo de sufrir fracturas en hombres de más de 60 años.


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El término ostosclerosis designa el incremento de masa ósea por unidad de volumen e incluye enfermedades de distintas naturalezas, una de ellas es la osteopetrosis.

Esta enfermedad, también llamada enfermedad marmórea de los huesos es un trastorno del crecimiento óseo endocondral que determina una osteosclerosis generalizada con disminución de la resistencia ósea, fracturas y deformaciones óseas en las metáfisis y las epífisis.

El aumento de la densidad ósea se debe a una disminución de la actividad de los osteoclástos. En función de diferencias genéticas, clínicas y evolutivas se distinguen cuatro formas de osteopetrosis: benigna de transmisión autosómica dominante, grave de transmisión autosómica recesiva, intermedia de transmisión autosómica recesiva, y de transmisión autosómica recesiva con acidosis tubular.


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Es la osteopatìa dismineralizante metabólica màs frecuente. El diagnostico es clínico, radiológico y paraclìnico.

Se define como una enfermedad esquelética sistemica, caracterizada por una masa ósea baja y deterioro microarquitectónico del tejido óseo, con un incremento consecuente de la fragilidad del hueso y susceptibilidad al desarrollo de fracturas traumáticas.

La incidencia de esta patología es de 12-20% de pacientes con fracturas osteoporóticas se mueren en el primer año después de la fractura, ya sea a causa de esta o debido a complicaciones quirúrgica. Solo el 30 % recupera la misma capacidad previa a la fractura.

Se ha demostrado que se puede controlar los factores de riesgo mediante la profilaxis; esta consiste: aumento de ingesta de calcio desde la infancia, exposición al sol, ejercicio físico, etc. Actualmente se usan ciertos fármacos como la calcitonina, vitD, raloxifeno, bifosfonatos.


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La osteoporosis afecta sobre todo a mujeres postmenopáusicas y se caracteriza por una progresiva descalcificación ósea que puede traer consecuencias más graves como fracturas o falta de movilidad, además de un intenso dolor que perjudique la calidad de vida.

La principal herramienta para combatir esta patología es la prevención, identificar a tiempo los posibles factores de riesgo y modificarlos lo antes posible con el fin de evitar la progresión de la misma. Hay que tener en cuenta que a veces no es fácil llegar al diagnóstico certero dada la carencia de signos y síntomas específicos en los primeros estadíos de la enfermedad.

Lamentablemente muchas veces la enfermedad se diagnostica en estadíos avanzados, ante la presencia de complicaciones como fracturas o deformaciones osteoarticulares (como en la columna vertebral).

El estudio más sensible y específico para detectar la enfermedad es la densitometría ósea que valora la densidad osea. De todas formas el primer estudio a solicitar es un radigrafía simple, aunque rara vez logre detectar la descalcificación en estadíos tempranos de la misma.


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El jefe de la Unidad de Cirugía de la Mano del Hospital La Milagrosa, de Madrid, Rafael Delgado, presentó una nueva técnica quirúrgica que permite recuperar, por primera vez, la totalidad de la función de las muñecas fracturadas, indicó este especialista.

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