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 Manifestaciones de la insuficiencia medular con aparición de síndrome anémico (astenia, palidez, disnea), síndrome febril debido a infecciones por la granulopenia, síndrome hemorrágico debido a la plaquetopenia (petequias, epistaxis, gingivorragias). Manifestaciones del síndrome proliferativo: esplenomegalia (75%) y hepatomegalia, adenopatías de pequeño tamaño, masa mediastínica (característico de la leucemia linfoblástica de estirpe T), infiltración meníngea o testicular, dolores óseos y articulares (más frecuente en niños).

 En el hemograma hallaremos anemia habitualmente normocrómica normocítica con reticulocitos bajos. El número de leucocitos puede ser normal, disminuido o aumentado (10-50 x 109 /L), en estos últimos debido a la proliferación de blastos en sangre periférica (0-100%). La trombopenia es lo más frecuente. La leucemia aguda promielocítica (LAM-M3) suele acompañarse de un cuadro de coagulación intravascular diseminada por liberación de tromboplastina por parte de la granulación primaria. El tratamiento de la leucemia y el soporte necesario constituyendo una urgencia médica.

El estudio de médula ósea (mielograma) es obligatorio para confirmar la infiltración blástica (30-100%) y tipificar el tipo de leucemia.

En el estudio bioquímico podemos hallar aumento de ácido úrico y/o de LDH.
Puede existir infiltración de la piel o hipertrofia gingival en algunas leucemias agudas (LA monoblástica, leucemia/linfoma T del adulto). La infiltración del LCR es rara, y más frecuente en las leucemias linfoblásticas.


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El paciente presenta un cuadro febril (38 °C) mantenido, acompañado de malestar general, cefalea, anorexia, mialgias, escalofríos y diaforesis de varios días de evolución. En ocasiones, la presencia de tos puede confundir el cuadro con un proceso respiratorio. El inicio insidioso del proceso se acompaña de una exploración inexpresiva que hace que el proceso se desarrolle durante una segunda semana con mantenimiento de la fiebre y aparición de la roséola tifoidea, en vientre y tronco. El paciente debe ser derivado al hospital para realizar el estudio diagnóstico.

El diagnóstico de certeza se establece mediante el aislamiento del germen en hemocultivos de repetición. Los coprocultivos pueden aislar el germen en cualquier momento de la enfermedad, aunque no establecen el diagnóstico de certeza, siendo éste fuertemente indicativo si existe un cuadro clínico compatible. Las seroaglutinaciones tienen un valor limitado para el diagnóstico.

La aparición de cepas multirresistentes y la alta proporción de recaídas ha hecho abandonar el cloramfenicol y ha promovido el uso de amoxicilina y cotrimoxazol. Los pacientes con cepas multirresistentes deben ser tratados con ciprofloxacino o ceftriaxona. Los niños con 10 o menos años deben ser tratados con ceftriaxona o cefoperazona.


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La interleucina 1 o pirógeno leucocitario liberado por los fagocitos mononucleares estimula el hipotálamo anterior desencadenando reflejos que retienen calor con la consiguiente elevación de la temperatura central del organismo por encima de los límites normales.

A partir de los 3 años, es preferible tomar la temperatura en la localización axilar, durante más de 5 minutos, siendo el valor normal hasta 37 °C, o bien en la localización rectal, considerando un valor normal hasta 37,5 °C.

La fiebre puede dar lugar a cefaleas, dolores musculares, náuseas, escalofríos, palidez cutánea y delirios.

Con mucha frecuencia la fiebre es la primera manifestación de la enfermedad infecciosa.

En el niño y adolescente una fiebre de inicio agudo debe orientarnos por orden de frecuencia hacia la presencia de infecciones de las vías respiratorias altas, neumonías e infecciones de vías urinarias.

Por su gravedad y urgencia en el tratamiento es muy importante descartar entidades bien definidas como:

1. Meningitis bacteriana

2. Sepsis meningocócica

3. Sospecha de bacteriemia