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- La dieta, que en la mayoría de los casos constituye el único tratamiento necesario, presenta serias dificultades para su cumplimiento ocasionadas por los hábitos arraigados, erráticos y en muchas ocasiones la frecuente anorexia del anciano.

- Los fármacos orales pueden prescribirse a excepción de las biguanidas, cuyo riesgo de acidosis láctica es mayor a partir de los 65 años. Deben elegirse preparados de vida media corta y potencia moderada para minimizar el riesgo de hipoglucemias severas y prolongadas. Por la misma razón, debería evitarse utilizar las dosis máximas de estos fármacos. Las SU más recomendables en el anciano son la tolbutamida y la gliclacida.

- Las indicaciones de insulinización no difieren de las aconsejadas para el adulto, si bien es frecuente que el anciano de reciente insulinización se pueda controlar adecuadamente con una sola dosis diaria. Cuando se requiere la utilización de mezclas es conveniente recurrir a los preparados comerciales. Para evitar errores en la dosificación deberían utilizarse las jeringas precargadas. En ancianos que viven solos, pero mantienen un grado aceptable de autonomía, es preferible el tratamiento insulínico de las SU a dosis altas, por la menor duración y gravedad de la hipoglucemia insulínica.

- La educación diabetológica debe dirigirse a aspectos prácticos básicos, poniendo especial interés en la higiene y cuidado de los pies.

- Los criterios de control en estos pacientes se fijarán a un nivel menos estricto (aceptable) que en los adultos menores de 65 años a fin de evitar hipoglucemias que, en el anciano, comportan un mayor riesgo de accidentes cardiovasculares.


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En los casos en que sea posible ha de realizarse tratamiento etiológico.
La sedación farmacológica dificultará el diagnóstico, por lo que si éste no está claro es preferible la contención física inicial.

En la agitación leve-moderada se utilizan las benzodiacepinas con buenos resultados. En el ámbito de la Atención Primaria, en la mayoría de casos se tratará de un paciente con un cuadro de agitación psicomotriz reactiva. La administración de 5-10 mg de diacepam preferiblemente por vía oral o sublingual (la absorción por vía intramuscular es errática) suele ser suficiente para revertir el cuadro y no precisar derivación. En pacientes alcohólicos o con enfermedad hepática es preferible utilizar loracepam a dosis de 1 a 2 mg (por sus características de metabolización).

Ante un cuadro de agitación severa en un paciente psiquiátrico puede administrarse un neuroléptico y remitir el paciente al hospital. El neuroléptico recomendado por la mayoría de autores es el haloperidol, a dosis de 2 a 10 mg por vía intramuscular. Con el fin de evitar posibles efectos extrapiramidales es recomendable administrarlo de forma conjunta con un anticolinérgico, el biperideno a dosis de 2 mg por vía intramuscular, cuando la dosis de haloperidol sea superior a los 5 mg.

Otros neurolépticos que pueden utilizarse son las fenotiacinas: clorpromacina o levoclorpromacina o dosis de 25 a 50 mg por vía intramuscular. Sin embargo, se trata de fármacos con efectos secundarios de tipo cardiovascular potencialmente peligrosos y depresores del centro respiratorio.

El paciente alcohólico merece una mención especial. Ante un síndrome de abstinencia alcohólica el tratamiento correcto es la administración de clormetiazol o benzodiacepinas por vía intravenosa (en medio hospitalario). En Atención Primaria pueden administrarse 4 comprimidos de clormetiazol o 20-25 mg de cloracepato dipotásico por vía oral o intramuscular antes del traslado al hospital.

En la intoxicación enólica aguda con agitación se procederá a la sujeción mecánica del paciente, evitando la administración de fármacos. En caso extremo puede utilizarse tiaprida a dosis de 100-200 mg por vía intramuscular, que mejora la psicomotricidad y la agresividad sin producir sedación. Otros autores recomiendan el uso de 2-5 mg de haloperidol vía intramuscular. En cuanto al uso de otros neurolépticos mayores, hay que tener en cuenta que en este tipo de pacientes pueden producir hipotensión arterial y convulsiones.


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El lorazepam inicialmente fue muy utilizado para los pacientes añosos,  ya que por no tener metabolito de vida ½ larga, y ser muy hidrosoluble, tiene una vida ½ más corta y no se acumula en los tejidos, por lo que se consideraba de uso bastante seguro en ancianos.

Sin embargo, se observó que produce un trastorno severo de la memoria, lo que llevó a reconsiderar su uso en pacientes añosos.

El diazepam se acumula más en el organismo que el lorazepam. A ésto se agrega el hecho de que es capaz de producir un deterioro progresivo de los aspectos cognitivos y funcionales de los pacientes ancianos, llevando a un estado de confusión que puede simular una demencia.

También produce una relajación muscular acentuada, asociada a una pérdida de la estabilidad y la coordinación, que puede condicionar caídas en los pacientes mayores, aumentando el riesgo de fracturas de caderas en esta población.

En ancianos se deben indicar BZD de vida ½ corta, sin metabolitos activos, que no produzcan deterioro de conciencia ni de la coordinación motora.

Las BDZ son fármacos relativamente seguros, ya que no producen reacciones adversas que puedan matar al paciente, pero los diversos trastornos que determinan pueden secundariamente originar problemas mayores.

Son fármacos muy utilizados, comprobándose un abuso de su indicación por parte de los médicos, ya que éstos lo consideran drogas “ seguras “.


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El tratamiento de la cefalea tensional requiere evitar, si es que se han identificado, los factores desencadenantes o agravantes del dolor.

Se sugiere la realización de ejercicio físico con el fin de lograr relajación muscular y reducción de posturas patológicas. Son útiles técnicas tales como el “biofeed back” mediante el cual el paciente toma conciencia de su contracción muscular exagerada, lo cual facilita que pueda aprender a relajar sus músculos. De ser necesario se plantea realización de psicoterapia.

El tratamiento del dolor se decide de acuerdo a la frecuencia e intensidad del mismo, cefaleas leves y ocasionales pueden no requerir tratamiento. Si se indica tratamiento farmacológico, se usan analgésicos comunes tales como: ácido acetil salicílico (500 mg cada 8 horas vía oral), paracetamol (500 mg cada 6 u 8 horas vía oral), ibuprofeno (400mg cada 8 horas vía oral) o diclofenac (50 mg cada 8 horas vía oral).

Si existe contractura de músculos pericraneales se asocian relajantes musculares tales como orfenadrina (100 mg cada 12 horas vía oral), tizanidina (2 a 4 mg cada 8 horas vía oral), o benzodiazepinas por corto período de tiempo para evitar dependencia.

En algunos casos de cefalea tensional crónica se utilizan con buen resultado antidepresivos tricíclicos como amitriptilina (25 mg vía oral en la noche).

Siempre consultar al médico antes de comenzar algún tratamiento farmacológico.


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Los fármacos pueden ocasionar diversas alteraciones en la estructura y función del aparato respiratorio, como broncoespasmo, edema de pulmón, neumonitis crónica con fibrosis y neumonitis por hipersensibilidad.

Por ejemplo, los medicamentos citotóxicos utilizados en la terapéutica anticancerosa, como la bleomicina, producen neumonitis y fibrosis pulmonar, como consecuencia de la acción tóxica del fármaco y al estimular el paso de las células inflamatorias al interior de los alvéolos.

La amidarona, un fármaco que controla las arritmias cardíacas rebeldes, se concentra predominantemente en los pulmones y causa una neumonitis importante en un 5 a 15% de los pacientes que la utilizan.


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La Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo un llamado a las industrias farmacéuticas para que las medicinas sean más accesibles para todo el mundo, sobre todo para los países subdesarrollados más pobres.

El organismo señaló que se viene dando un aumento de las enfermedades resistentes a medicamentos, sobre todo las de origen infeccioso. Esto constituye un verdadero reto a futuro para los laboratorios farmacéuticos.

La directora general del organismo Margaret Chan mencionó que gracias a esta resistencia a los tradicionales medicamentos, se debe innovar en materia de investigación, pero también se deben considerar los costos, ya que de nada sirve que se lanze un nuevo fármaco al mercado y que este sea inaccesible para gran parte de la población.

Margaret Chan también recalcó que no puede ser que por razones injustas se le niegue a la gente el acceso a medicamentos que pueden significar la cura a alguna enfermedad, la salud es un derecho, por lo tanto no se puede permitir que por asuntos económicos (altos precios) se lleve a hogares pobres a más miseria.


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Se ha presentado en España un manual sobre farmacología cardiovascular, el mismo se presentó con motivo de el último Congreso de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

Según los especialistas se trata de un manual sencillo y de fácil lectura realizado en coordinación por cardiólogos y farmacólogos. En el se han publicado muchos de los principales avances sobre la materia en los últimos años.

Se destaca que la obra esta a disposición de cualquier profesional de la salud tanto en atención primaria como secundaria, internistas, médicos de familia, etc. Esta a la mano de y puede  serle útil a cualquier profesional que se enfrente a un paciente cardiópata.

Además ya era hora de que tanto cardiólogos como farmacólogos se pusieran de acuerdo, ya que existían algunas diferencias en el uso de determinados fármacos para patologías cardiovasculares.