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Es importante detectar el aumento de peso en Atención Primaria, especialmente en una fase inicial y poder evitar su progresión a valores que impliquen un riesgo para la salud. El índice de masa corporal (IMC) se considera un buen indicador de la obesidad y del estado nutricional de los individuos de complexión normal y edades comprendidas entre los 20 y 65 años.

Tallar y pesar es una práctica habitual en el contexto de muchas consultas, pero frecuentemente no adecuadamente estandarizada (condiciones de la báscula, horario, calzado y vestimenta del paciente, etc.) ni convenientemente registrada, evaluada y monitorizada.

Es fundamental disponer de una medición de la talla al acabar el crecimiento que sirva de referencia para el resto de la vida. Para esto puede considerarse la talla correspondiente a los 20 años.

Respecto al peso en adultos sanos no obesos es recomendable pesarlos rutinariamente (OMS), al menos una vez cada 4-5 años (American Heart Association, PAPPS). Para obtener con mucha aproximación el IMC es de gran utilidad el normograma de Thomas que es de muy rápido y fácil manejo.

La detección de la obesidad es una actividad que debe ofrecerse a toda la población demandante, si bien cabe prestar especial atención a determinados grupos con riesgo aumentado de presentar obesidad (antecedentes familiares de obesidad, sexo femenino, sedentarismo, dietas muy grasas y adolescentes).



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Especial mención merecen los efectos adversos del tabaquismo como uno de los más importantes factores de riesgo cardiovascular y muy especialmente entre la población diabética (Muhlauser, 1992).

Su consumo guarda una estrecha relación con el incremento de la patología arteriosclerótica y en el diabético su efecto aterogénico es más potente, provocando un aumento de la mortalidad cardiovascular, a 10 años, 6 veces superior a la de los fumadores no diabéticos. Además, hay que destacar la implicación del tabaco en la patogénesis y progresión de la microangiopatía (nefropatía y retinopatía). También es el causante del aumento la insulín-resistencia en personas con normopeso. No obstante, la prevalencia de fumadores entre los diabéticos es similar a la población general a pesar de tratarse de un factor de riesgo claramente modificable y las múltiples ventajas derivadas de su abandono.

A pesar de ser un factor de riesgo claramente modificable y de las ventajas que ofrece su cese, la prevalencia de fumadores entre los diabéticos es muy semejante a la de los no diabéticos; por ello, en la educación diabetológica debe incluirse y dar relevancia al tema de los efectos nocivos del tabaco, así como los métodos para abandonarlo.



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En el diabético las cifras de tensión arterial más elevadas, aunque no alcancen los valores de diagnóstico de hipertensión, se asocian con una mayor incidencia de microangiopatía. Así, el clásico trabajo de Parving demostró que, conforme aumentaba la media de la tensión arterial, descendía el filtrado glomerular, aumentaba la excreción urinaria de albúmina y que, al administrar agentes hipotensores, el descenso de la media de la tensión arterial se acompañaba de un enlentecimiento del deterioro del filtrado glomerular y una disminución de la cifra de microalbuminuria.

También se ha comprobado una frecuencia más alta de retinopatía diabética en presencia de valores de tensión arterial sistólica superiores o iguales a 144 mmHg frente a los que presentaban una tensión arterial sistólica inferior a 125 y que la progresión de la retinopatía diabética se incrementaba a partir de valores superiores a 70 mmHg.

Por otra parte, es sobradamente conocido el efecto deletéreo que ejerce la hipertensión arterial (HTA) sobre la mortalidad cardiovascular tanto en la población general como en la diabética, en la que la HTA comporta un aumento de 4 a 5 veces de la enfermedad aterogénica.



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La aterosclerosis se ubica prácticamente en la población de países desarrollados como Norteamérica, Europa, Australia, Nueva Zelanda y Rusia, en cambio, a juzgar por el número de muertes atribuíbles a cardiopatía isquémica (incluyendo infarto de miocardio), es mucho menos prevalente en regiones como África, Centroamérica y Sudamérica (salvo Argentina y Uruguay).

Por ejemplo la mortalidad por cardiopatía isquémica en EE.UU es una de las más altas del mundo, y seis veces mayor que en Japón. Los japoneses que emigran a EE.UU y adoptan los hábitos de vida y las costumbres dietéticas de este último país adquieren la predisposición a la enfermedad aterosclerótica que es típica de la población estadounidense.

La prevalencia y gravedad del proceso esta relacionada con varios factores de riesgo que se pueden clasificar en dos, los inmodificables, y los modificables. Dentro de los primeros se encuentran la edad (mayor de 45 años), el sexo (masculino), antecedentes familiares y alteraciones genéticas.

Por su parte, dentro de los factores modificables están: hiperlipidemia, hipertensión arterial, tabaquismo, diabetes.



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Un estudio publicado en Washington afirmó que las mujeres que llevan una dieta saludable en la que se incluyen verduras, frutas legumbres y cereales, tienen mucho menos riesgo de padecer un infarto u otras enfermedades cardiovasculares.

Según el estudio, si las mujeres además de la dieta controlan otros factores de riesgo, o sea: no fuman, no consumen alcohol, hacen ejercicio regularmente y controlan su peso, el riesgo puede ser hasta 92% menor que el de el resto de las mujeres.

El estudio se basó en una población de 24 mil mujeres de entre 48 y 83 años a quienes se les realizo encuestas sobre sus hábitos de vida como dieta, ejercicio, tabaco, etc. Además se investigo sobre antecedentes de enfermedad cardivascular y nivel de educación.

Después de seis años de seguimiento los científicos llegaron a la conclusión de que las mujeres que seguían una vida sana bajaban a la mitad el riesgo de padecer enfermedades cardivasculares.



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En un estudio realizado en la Universidad de Stony Brook en Nueva York y de la Universidad de Connectica, indico que la obesidad en el principal factor de riesgo para desarrollar cáncer de colon y recto en mujeres.

La investigación se baso en una población de 1.525 mujeres que se les realizó una fibrocolonóscopia, y de ahí se las clasifico según su edad, antecedentes de tabaquismo, antecedentes familiares de cáncer colorrectal e índice de masa corporal. Se estableció como obesidad a un índice de masa corporal (IMC) mayor a 30.

Los resultados arrojaron que de todos los pólipos detectados la quinta parte era en pacientes con un IMC mayor a 30. De las pacientes que tenían neoplasia el 20% eran obesas. Además el estudio comparó a la obesidad y tabaquismo como factores de riesgo, siendo más significativa la primer variable.

En base a estos resultados se destaco la importancia de que las mujeres obesas disminuyan su IMC como forma de prevenir el cáncer colorrectal. Más teniendo en cuenta que en las sociedades occidentales aumenta cada vez más el número de mujeres obesas.



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Vaya si tendrán influencia las relaciones amorosas en nuestras vidas que hasta los médicos le han dedicado tiempo a investigar sobre el tema. Un grupo de médicos investigadores del Reino Unido fueron los que después de su investigación concluyeron: “se puede morir de amor”.

Según la investigación publicada en Archives of International Medicine, determinados factores como el stress y la ansiedad que pueden generar las relaciones complicadas, pueden aumentar el riesgo de desarrollar una enfermedad cardiováscular. Al parecer se incrementaría alrededor de un 30% el riesgo de sufrir un infarto o un angor de pecho en las personas que tienen problemas en su relación, frente a los que no.

Hasta ahora los estudios apuntados a la influencia de las relaciones personales y la salud se enfocaban más a un perfil psiquiátrico, pero a partir de este estudio se abre un abanico de posibilidades sobre el tema. De hecho los resultados fueron categóricos, las personas que habitualmente sufrían peleas, discusiones, críticas, tenían un riesgo  mayor de padecer enfermedades cardiovasculares.

Claro esta que los factores de riesgo más importantes siguen siendo la obesidad, el tabaquismo, el alcoholismo, etc. En el estudio se le preguntaba a las personas las características de su relación, si se sentían apoyados, respaldados, o si por el contrario su relación era hostil.

Así que según los investigadores del Reino Unido, si, se puede morir de amor.



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Según una investigación reciente, se intenta demostrar la relación entre la contaminación atmosférica y accidentes cerebro vasculares, según parece, las finas partículas que llegan a los pulmones producto de la contaminación ambiental, estimularian la formación de coágulos sanguineos que pueden ser peligrosos para diversos órganos.

Estas partículas provienen de los desechos que emanan los motores diesel y plantas de carbón, afirmaron los portavoces. Al parecer, las diminutas partículas al ser tan pequeñas(décima parte del diámetro de un pelo humano) no podrían ser filtradas por la nariz o la boca llegando a tomar contacto directamente con el elitelio alveolar.

Cuando estas partículas toman contacto con el epitelio, producen la liberación de mediadores químicos que producen inflamación; algunos de estos mediadores estimulan la formación de coágulos sanguíneos. Esto aumenta el riesgo de ataques cardíacos o infartos cerebrales sobre todo en pacientes con historia previa de algunas de estas patologías.

Este es el primer estudio en demostrar una posible relación directa entre contaminación ambiental y enfermedades cardiovasculares. “Ahora sabemos cómo la inflamación en los pulmones causada por agentes contaminantes del aire conduce a la muerte por enfermedad cardiovascular” afirmaron fuentes que participaron de la investigación.

Se planteó como medida profiláctica el uso de aspirina a bajas dosis(dosis de isocoagulación) para evitar la formación de coágulos sanguíneos.