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La más común es la producida por deslizamiento a través del hiato esofágico, cuya complicación más importante es la esofagitis por reflujo gastroesofágico. Más rara es la hernia mixta o la paraesofágica. En ésta la unión gastroesofágica se mantiene en su posición habitual pero el fundus y la gran curvatura gástrica se han desplazado a través del hiato diafragmático hacia la cavidad torácica. La incidencia de hernia de hiato (HH) es de 5 por 1.000 habitantes, siendo entre el 75 y el 90% por deslizamiento.

En la hernia por deslizamiento la clínica es la del reflujo gastroesofágico. La hernia paraesofágica o mixta suele dar pesadez o plenitud posprandial, náuseas o disfagia intermitente. Si la hernia es de gran tamaño puede aparecer disnea posprandial. Se puede acompañar de anemia al coexistir lesiones sangrantes en la mucosa fúndica.

La radiografía de tórax puede evidenciar una burbuja aérea en el mediastino. En la hernia paraesofágica el estudio ideal es la administración de papilla de bario que permite ver radiológicamente la situación de la hernia. La endoscopia es útil para evidenciar lesiones ulcerosas en el cuello o saco herniario.


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Actualmente se denomina enfermedad por reflujo gastroesofágico a la antes llamada esofagitis, que describe el conjunto de síntomas y lesiones producidas por el reflujo del contenido gástrico al esófago. El término esofagitis es el concepto anatomopatológico que describe las lesiones de la mucosa esofágica.

Las lesiones se relacionan con la composición del material refluido, el tiempo de permanencia en el esófago, la resistencia de la mucosa y la capacidad del esófago para favorecer el reflujo o aclarar el material refluido (funcionamiento del esfínter esofágico inferior, peristalsis y secreción esofágica). La causa más importante de reflujo es la hernia de hiato (HH) o de deslizamiento. Más del 90% de las esofagitis se relacionan con HH, si bien un 50-60% de éstas no se acompañan de esofagitis. Otra enfermedad que suele asociarse a esofagitis es la esclerodermia por la relajación permanente del esfínter esofágico inferior.

Las manifestaciones no están directamente relacionadas con el grado de lesión.
Pacientes con poca sintomatología pueden tener lesiones evidentes y, por el contrario, pacientes con escasa afectación esofágica pueden estar muy sintomáticos.
El síntoma más constante es la pirosis que puede estar relacionada con la ingesta o aparecer durante el reposo nocturno. La regurgitación, a veces asociada a maniobras de Valsalva, o a aumento de la presión intraabdominal, la disfagia y la odinofagia son otros síntomas posibles. El dolor retrosternal de características e irradiación similar al de la cardiopatía isquémica no es excepcional.

Manifestaciones más raras pueden ser la ronquera, tos nocturna, crisis asmáticas o un síndrome anémico crónico.


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Los quístes esofágicos se originan como divertículos embrionarios del intestino anterior, sus paredes incluye la capa epitelial mixta, tejido areolar y algunas fibras musculares. En cambio las duplicaciones son verdaderos esófagos dobles de origen embrionario, ya que sus paredes poseen todas las capas del esófago normal. Por lo general la duplicación se extiende en forma paralela al esófago y a las capas musculares de ambas estructuras pueden entremezclarse.

Aún siendo muy raros, los quistes son mucho más frecuentes que las duplicaciones, del total de las duplicaciones del tubo digestivo, solo del 10 al 20% ocurren e el esófago.

Ambas malformaciones suelen detectarse en una radiografía de tórax o en estudios contrastados de esófago. Los síntomas más frecuentes son disfagia y dolor retro esternal, este último especialmente cuando existe infección.

Las formas sintomáticas suelen tratarse quirúrgicamente, las formas asintomáticas pueden no requerir tratamiento.


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La acalasia se caracteriza por tres alteraciones fundamentales, el aperistaltismo, relajación parcial o incompleta del esfínter esofágico inferior (EEI), e hipertonía del EEI en reposo.

La patogenia de la acalasia primaria no se conoce por completo, pero se cree secundaria a cambios degenerativos de la inervación, ya sea esofágica intrínseca, de los nervios vagos extraesofágicos y del núcleo dorsal motor del vago.

La acalasia secundaria puede deberse a la enfermedad de Chagas, en la que el Trypanosoma Cruzi destruye el plexo mioentérico esofágico, duodnal y del colon, con la consiguiente dilatación de estas vísceras.

Los trastornos de los núcleos motores dorsales, sobre todo los debidos a la poliomelítis o a la extirpación quirúrgica, pueden causar una enfermedad similar a la acalasia, al igual que la neuropatía autónoma de la diabetes o neoplasias malignas infiltrantes.

No obstante, en la gran mayoría de los casos la acalasia es un trastorno primitivo de  origen desconocido.


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La enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), es una patología bastante frecuente dentro de la población, pero que a veces se subestima su potencial y su capacidad de influir en la calidad de vida de las personas. Para los gastroenterólogos es una afección tan incapacitante como la diabetes o la depresión.

Muchos de los pacientes que padecen de ERGE piensas que su patología los predispone a sufrir de entidades más graves como por ejemplo cáncer gástrico, con todo lo que ello conlleva desde el punto de vista psicológico.

Los pacientes que sufren ERGE tienen una incidencia mayor de cáncer de esófago en el tercio inferior del mismo debido al efecto de los jugos ácidos gástricos sobre la mucosa esofágica.

Un factor importante en la génesis de esta enfermedad es el consumo habitual de antiinflamatorios no esteroideos (AINE). Estos fármacos se utilizan para tratar el dolor sobre todo en patologías crónicas osteoarticuláres. Según los expertos el hecho de que estos medicamentos tengan un uso extendido a nivel mundial, no están exentos de riesgos.

Para el tratamiento adecuado de esta enfermedad se usan fármacos que inhiben la bomba de protones en las células de la mucosa gástrica, o sea que inhiben la producción de ácido gástrico, y por lo tanto mantienen un PH en niveles normales. Estos fármacos mejoran la calidad de vida de los pacientes sustancialmente, ya que mejora la calidad del sueño, vitalidad, etc.