
El tratamiento en el caso de encontrarse una afección causal será el propio de ésta. En el caso de la enuresis nocturna primaria simple, hay que tranquilizar a la familia y al niño, insistiendo que éste no sea ridiculizado o castigado por su enuresis. Se debe desaconsejar el uso de pañales e insistir sobre la nula eficacia de obligar a orinar al niño a media noche. Sólo se planteará realizar tratamiento en caso de que el niño y su familia estén motivados, ya que lo único que lo justifica es evitar el trastorno psíquico secundario a la propia enuresis.
Como tratamiento pueden ser de utilidad normas higiénico-dietéticas (restricción de líquidos 2 horas antes de acostarse, cena seca y pobre en sal, orinar antes de acostarse, etc.), ejercicios esfinterianos diurnos y gratificaciones reforzadoras, así como técnicas de sugestión y autoconfianza.
En niños mayores de 8 años y muy motivados el uso de alarmas nocturnas se ha demostrado muy eficaz. Los tratamientos farmacológicos en uso son:
1. Imipramina: no es aconsejable utilizarla durante más de 6 meses. Deben vigilarse sus posibles efectos secundarios y tiene un alto porcentaje de recaídas al acabar el tratamiento.
2. Desmopresina: útil por su efecto casi inmediato, por lo que puede considerarse como tratamiento temporal en situaciones especiales (estancias fuera del hogar, colonias escolares); está contraindicada en pacientes con polidipsia habitual, hipertensión, enfermedad cardíaca o en enfermos con tendencia a la hipernatremia. Fuera de estos casos sus efectos secundarios son poco frecuentes y leves. Presenta también un alto índice de recaídas tras interrumpir su administración, aunque su efectividad es mayor en tratamientos prolongados.
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