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La incidencia del cáncer de endometrio ha ido aumentando desde hace 25 años, fundamentalmente en países desarrollados, en los que hoy representa la localización más frecuente del cáncer del aparato genital, excluida la mama (De Vita, 1988); publicaciones de Estados Unidos sitúan una tasa de incidencia por cáncer de endometrio en 45,8/100.000 mujeres en el estado de California y de 21,2/100.000 para la población global de Estados Unidos en el período de 1986 a 1990 (Miller, 1993), en Alemania la incidencia es de 33,8/100.000 mujeres y en España la incidencia es desconocida, siendo de 17,6 y 18,9/100.000 mujeres para Navarra y Asturias, respectivamente (Solís, 1988).

Probablemente el aumento de la incidencia de la enfermedad esté en relación con varios hechos como son: el aumento de longevidad de las mujeres, la disminución de la patología maligna del cérvix y la terapia con estrógenos en la menopausia. La mayoría de los casos aparecen entre los 60 y 70 años; sólo el 4% aparece antes de los 40 años y sólo el 1% de las pacientes son premenopáusicas (Annual Report, Vol. 20, 1988).

La tasa de mortalidad por cáncer de útero en España (datos de 1987) es de 7,1/100.000 mujeres (OMS, 1991) superior a la mayoría de los países europeos, excepto Austria, Alemania y Francia, que tienen tasas de: 11,1-7,8 y 8,3/100.000 mujeres, respectivamente (OMS, 1991). Datos de 1995 informan una tasa de mortalidad ajustada para la edad de 3,8/100.000 (Wingo, 1995).


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El síntoma más precoz y constante es la metrorragia, que se presenta en el 85% de los casos; a menudo es discreta y mal valorada por el médico y la paciente, lo que explica la demora entre el inicio del síntoma y el diagnóstico.

La hemorragia suele ser espontánea, intermitente, escasa y de corta duración, presentándose en ocasiones en forma de hidroleucorrea rosada o leucorrea purulenta fétida (piometra). La expulsión de detritos o pequeñas masas tumorales por la vagina es infrecuente.

Las manifestaciones dolorosas son raras, sólo se presentan en el 3% de los casos y traducen estadios avanzados.

La hemorragia uterina posmenopáusica siempre debe hacer sospechar un adenocarcinoma de endometrio, ya que un tercio de mujeres con este síntoma lo tendrán. Asimismo, habrá que sospechar su presencia en mujeres en edad premenopáusica que tengan pérdidas intermenstruales. En ambos casos la derivación a la atención especializada debe ser inmediata para descartar o confirmar la enfermedad.

El diagnóstico es histológico. La muestra se obtiene por legrado uterino fraccionado, del canal endocervical y la cavidad uterina, bajo anestesia general o mediante biopsia ambulatoria, utilizando microlegras o cánulas de aspiración (Novak, Randall, Kerkovian o Vabra), tomando muestras de las cuatro caras y ambas zonas cornuales de la cavidad uterina.