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El cirrótico no complicado tiende al meteorismo, a un ritmo irregular de deposiciones y presenta cierta dificultad digestiva. La dieta deberá adaptarse a estos problemas: a) evitar los alimentos flatulentos, así como los guisos de larga digestión; b) seguir una dieta astringente durante los días en que aparezcan diarreas, y c) la base será seguir una alimentación saludable, normoproteica, adaptada a la disminuida actividad física que realice el paciente.

Las complicaciones con traducción dietética son la ascitis y la encefalopatía hepática.
Durante una ascitis, el cirrótico seguirá una dieta hiposódica bastante estricta (de unos 1.000 mg de sodio al día), así como una limitación en la ingesta hídrica. A menudo, se indican diuréticos y sales de potasio. Se impone el control del ionograma periódicamente.
La encefalopatía hepática del cirrótico, con anastomosis portocava o sin ella, requiere una dieta hipoproteica. La cantidad máxima de proteínas a administrar oscila entre 25 y 50 g día, según la tolerancia.

El resultado clínico suele ser bueno a corto plazo, pero provoca una disminución aún mayor de la albúmina plasmática. Muchos autores recomiendan suplementar por ello estas dietas hipoproteicas con aminoácidos especiales, los ramificados (isoleucina, leucina y valina), los cuales contribuyen a la nutrición proteica y no provocan encefalopatía.


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Síndrome caquéctico por VIH (9,3%): este síndrome se define en líneas generales como pérdida involuntaria de peso más del 10% del peso basal, que se acompaña de diarrea crónica o debilidad muscular y fiebre, en ausencia de otra enfermedad que no sea el SIDA. La pérdida de peso es el síntoma general más frecuente asociado al SIDA y, muy a menudo, el más molesto.

Encefalopatía asociada al VIH (2,5%) y leucoencefalopatía multifocal progresiva (LMP) (2,6%): además de los frecuentes problemas psiquiátricos y psicológicos relacionados con la enfermedad por VIH (ansiedad, hipocondría, depresión, tendencias suicidas, agresividad, psicosis, etc.), la afectación orgánica del SNC da lugar a manifestaciones neuropsicológicas muy variadas.

La manifestación más espectacular en los estadios avanzados de la enfermedad es la encefalopatía o complejo de demencia asociado al SIDA. Se caracteriza por cambios cognitivos (pérdida de memoria, falta de concentración, trastornos afectivos y pensamiento lento), problemas motores (pérdida de fuerza y debilidad en extremidades inferiores) y cambios de conducta (apatía, cambios de personalidad, aislamiento y psicosis orgánica).

El diagnóstico diferencial debe hacerse con cuadros psicógenos reactivos y con enfermedades causadas por infecciones oportunistas que afectan el SNC. La LMP es una enfermedad subaguda o crónica que cursa con demencia, hemiparesia, hemianopsia, ataxia y otros déficit focales.


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El etanol es un alcohol alifático que se absorbe rápidamente a nivel del estómago, es hidro y lipo soluble por lo que tiene una amplia distribución en todos los tejidos del organismo.

Se metaboliza a nivel hepático, donde es oxidado a acetaldehído por la enzima alcohol deshidrogenasa.

El sistema nervioso central es especialmente afectado por el alcohol, debido a su alta liposolubilidad el alcohol es capaz de penetrar la capa lipídica de la membrana celular neuronal y ejercer su acción en este sitio. Interactúa fundamentalmente con dos tipos de receptores: gabaérgicos y glutaminérgicos. Estimula los receptores gabaérgicos que cumplen función inhibitoria, e inhibe a los glutaminérgicos que cumplen una función exitatoria, de ello surge el efecto depresor global del alcohol sobre el sistema nervioso central.

Por otra parte, el consumo crónico de alcohol se acompaña de malos hábitos alimenticios y trastornos digestivos disabsortivos que determinan un estado carencial global con desnutrición proteica y carencias vitamínicas múltiples. De esta últimas se destaca la carencia de tiamina (vitamina B1), la cual es responsable de varias complicaciones neurológicas del alcoholismo, como son las polineuropatías periféricas y la encefalopatía de Wernicke-Korsakoff.