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Volando entre humos por pericoterrades. 

Al parecer gracias a lo que varios científicos de la universidad de Harvard pudieron constatar los electrocardiogramas se ven afectados por la combustión de autos, como todos sabemos la contaminacion del aire puede ayudar a sufrir un infarto. Al parecer esto se pudo constatar gracias a un estudio en el cual se le realizo un seguimiento a varias pacientes que sufrieron ataques cardiacos, estos mismos se estudiaron en relación a la contaminacion a la que se encontraban sometidos cada uno de ellos.

 

Como no es de sorprender la contaminacion es algo que nos afecta en mas de una faceta de nuestras vidas, en lo referente a la salud es algo que nos afecta a todos ya que todos compartimos el mismo ambiente.

 

via lasaludylamedicina

imagen flickr


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Son impulsos prematuros que nacen en los ventrículos. Pueden ser de origen extrasistólico (guarda relación con el impulso precedente por lo cual el período de acoplamiento suele ser fijo) o más raramente parasistólico (impulsos independientes del ritmo de base). Si se presentan tres o más seguidos se trata de una taquicardia ventricular (TV) y si duran más de 30 segundos hablamos de una TV sostenida.

En el ECG aparecen como complejos prematuros, anchos, con una morfología diferente al ritmo de base. La polaridad de la repolarización es contraria a la del QRS (T de polaridad opuesta y asimétrica). En el 70% de los casos no se propagan a la aurícula y, por tanto, no descargan el nudo sinusal, por lo que la pausa compensadora será completa (la distancia del QRS precedente al que sigue al complejo prematuro será dos veces la distancia de los complejos del ritmo de base).

En general, los complejos prematuros que se presentan en individuos sin cardiopatía de base se originan en el ventrículo derecho, por lo que tienen morfología de bloqueo de rama izquierda, suelen tener voltajes altos y no apreciarse muescas evidentes. Los complejos ventriculares prematuros con una duración < 160 ms y sin melladuras o con muescas de duración inferior a 40 ms suelen corresponder a individuos con una función ventricular normal o poco alterada, mientras que la presencia de muescas amplias (> 40 ms) suele traducir una disfunción ventricular


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Los signos electrocardiográficos deben interpretarse en relación con la clínica del paciente. El diagnóstico de la angina de pecho es clínico, y el ECG sólo es un elemento de apoyo. Un ECG normal no descarta la presencia de cardiopatía isquémica. Cuando se realiza fuera del episodio de dolor, es normal en el 50% de los pacientes con cardiopatía isquémica.

Las alteraciones electrocardiográficas fuera del episodio agudo, que pueden hacer pensar en una cardiopatía isquémica son: onda T negativa, descenso del ST, onda Q, desviación del eje a la izquierda, defectos de la conducción auricular, fibrilación auricular y extrasistolia ventricular.

El ECG realizado durante la crisis dolorosa tiene una sensibilidad próxima al 90% en los pacientes con angina de esfuerzo estable, durante las crisis dolorosas suelen encontrarse descensos de ST y, en raras ocasiones, ascensos del ST o alteraciones de la onda T. Durante el dolor en la angina de reposo es frecuente encontrar ascensos en el ST (fenómeno de Prinzmetal) o descensos si la isquemia es menos grave. En la angina inestable aparecen ondas T negativas o descensos del ST.


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La utilidad del ECG en Atención Primaria es clara, pero se debe señalar que los datos clínicos han de acompañarse de un claro conocimiento de las limitaciones de la electrocardiografía, ya que la sobreinterpretación de un ECG puede llevar al diagnóstico de graves cardiopatías sin que existan. Se han propuesto las siguientes indicaciones del ECG en Atención Primaria.

1. En protocolos de patologías crónicas: enfermedad pulmonar obstructiva crónica, diabetes, hipertensión arterial.
2. Pacientes con clínica sugestiva de cardiopatía isquémica.
3. Pacientes con clínica sugestiva de alteraciones del ritmo cardíaco.
4. Comprobación del funcionamiento de un marcapasos.
5. Pacientes con cardiopatía orgánica conocida.

El ECG como cribado en pacientes sanos tiene sus defensores y detractores. Los primeros apoyan su utilidad en el coste relativamente barato de la prueba y en la posibilidad que aportaría la realización de ECG a pacientes asintomáticos, de tener una referencia y poder llevar a cabo comparaciones en los cuadros de dolor torácico atípico, permitiendo mayor seguridad diagnóstica en la interpretación de la prueba (Paredes, 1993). Sin embargo, el elevado índice de resultados falsos positivos, que llevarían a otras pruebas y el coste que supondría la cantidad de pruebas innecesarias realizadas, desaconsejan el ECG sistemático en pacientes asintomáticos.