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La hiperreactividad bronquial puede estudiarse en el laboratorio mediante dos tipos de pruebas de provocación: a) inespecíficas, con fármacos como la histamina o la metacolina, o b) específicas, provocando el contacto con la sustancia que teóricamente desencadena hiperreactividad bronquial.

Sin embargo, dado que el ejercicio es un desencadenante del asma, especialmente en niños, es posible realizar una prueba simple de provocación, que permite objetivar la existencia de hiperreactividad.

Se efectúa una medida del flujo espiratorio máximo (FEM) en reposo y seguidamente se pide al paciente que inicie una carrera al aire libre, al ritmo más rápido que sea posible, pero que pueda mantenerlo durante 6 minutos. A los 3 minutos se realiza una nueva medida del FEM y de la frecuencia cardíaca (la ausencia de taquicardia sugiere que el individuo no se ha esforzado en su carrera). A los 6 minutos se toman nuevas medidas y el individuo permanece en reposo.

La recuperación se valora a los 5, 10 y 15 minutos de finalizada la prueba. Una variabilidad del FEM superior al 20% es sugestiva de hiperreactividad bronquial.


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El síndrome metabólico es un trastorno cada vez más prevalente en las sociedades occidentales, esta directamente relacionado con la obesidad y el sedentarismo. Según un estudio realizado en la Universidad Duke Medical Center, en Carolina del Norte caminar a un buen paso por un tiempo de 30 minutos, 6 veces por semana ayudaría en forma significativa a reducir el perímetro abdominal, y por lo tanto el riesgo de un síndrome metabólico.

Al parecer, los beneficios del ejercicio se obtendrían aunque el paciente no se someta a una dieta para bajar de peso.

El síndrome metabólico consta de la presencia de varios factores de riesgo como po ejemplo: obesidad con un perímetro abdominal elevado, hipertensión arterial (mayor a 140/90), hipertrigliceridemia (triglicéridos en sangre elevados), colesterol HDL (colesterol bueno) bajo y glicemia elevada (glucosa en sangre alta).

Se estima que en Estados Unidos por ejemplo uno de cada cuatro adultos padece de este síndrome. Cabe aclarar que la presencia de una entidad como esta aumenta de manera significativa el riesgo de padece enfermedades cardiovasculares como infarto agudo de miocardio, o un accidente cerebrovascular, dos de las primeras causas de muerte en los países desarrollados.


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El ejercicio físico aeróbico pueden ser la principal defensa para prevenir la demencia vascular. Pequeñas actividades como caminar al menos 30 minutos por día, subir escaleras en vez de utilizar el ascensor y otras pequeñas modificaciones en los hábitos de vida cotidianos pueden ser determinantes en la prevención de esta patología.

Según la revista científica ‘Neurology’, las personas que realizan ejercicio regularmente tienen un menor riesgo de sufrir demencia vascular, sobre todo en la población mayor de 65%, que es el grupo etario más sensible en padecer esta enfermedad.

En la investigación participaron 749 hombres y mujeres mayores de 65 años que no padecían demencia vascular. El estudio duró cuatro años y se llevó a cabo por científicos del Hospital Universitario Orsola Malpighi en Bolonia (Italia).

Los resultados arrojaron que las personas mayores de 65 años que realizaban tareas habituales que demandaban algún tipo de esfuerzo físico moderado tenían un 29% menos de posibilidades de desarrollar demencia vascular.

Al parecer el ejercicio moderado estimularía un mejor flujo sanguíneo cerebral, con lo cual se disminuye el riesgo de enfermedad cerebrovascular.


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Muchos atletas e individuos que participan en los ejercicios para estar en forma indican que tienen experiencia de menos fatiga y menos dificultad para respirar después de los primeros minutos de ejercicio continuo. Este fenómeno se denomina segundo aire.

Aunque el mecanismo no se comprende por completo, en realidad puede ser un efecto de calentamiento que resulta del aumento del índice de consumo de oxígeno después de unos minutos de actividad aeróbica.

Al inicio de la actividad física vigorosa, el catabolismo aeróbico del ácido pirúvico no se hace tan rápido como para satisfacer todas las demandas de energía del cuerpo, en esta situación el catabolismo anaeróbico establece la diferencia.

El ácido láctico producido producido durante el catabolismo anaeróbico se cree que es parcialmente responsable de la fatiga y el estrés en la respiración, cuando la deuda de oxígeno se paga, se detiene la producción de ácido láctico, disminuye la fatiga y la respiración regresa a la normalidad.


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Son muchas las personas que sufren trastornos de sueño, de hecho es uno de los motivos más frecuentes de consulta en la practica médica habitual, y su tratamiento se basa en el diagnóstico adecuado. Aunque no se conoce la función precisa del sueño, cuando este es adecuado mejora la calidad del estado de vigilia durante el día, lo cual hace necesario usar de manera sensata los hipnóticos para no causar peores trastornos.

Se cuenta con diversos agentes farmacológicos para tratar el insomnio. El hipnótico “perfecto” permitiría que ocurriera un sueño de estructura normal, en vez de alterar su perfil por medios farmacológicos. No dejaría secuelas al siguiente día, como ansiedad de rebote o sedación sostenida. No interactuaría con otros fármacos. Podría proporcionar al largo plazo sin causar dependencia o insomnio de rebote al interrumpir su administración.

El ejercicio moderado regular satisface estos criterios, pero en muchos casos no es eficaz por si solo, y los pacientes con enfermedades cardiorespiratorias importantes quizá no tengan la habilidad para realizar ejercicio. Sin embargo, incluso los grados pequeños de ejercicio suelen ser eficaces para promover el sueño.