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La intoxicación aguda por cocaína puede presentarse en forma de alucinaciones, delirio, convulsiones, hipertensión, angina e infarto, arritmias ventriculares e hipertermia, todo esto debido a su mecanismo de acción que bloquea la recaptación periférica de neurotransmisores que se acumulan en la sinapsis y son los causantes de su acción tóxica.

La 3-4 metilenedioximetaanfetamina (MDMA) y sus análogos conocidos como «éxtasis» forman parte del consumo actual de estimulantes por parte de consumidores generalmente muy jóvenes. Actúan mediante un efecto inductor de liberación de serotonina en el SNC. La intoxicación aguda puede dar lugar a arritmias graves, hipertermia, rabdomiólisis, convulsiones e insuficiencia respiratoria aguda.

El tratamiento consiste en medidas generales de mantenimiento de la vía aérea, sistema circulatorio y si existen convulsiones o agitación es eficaz la administración de benzodiacepinas. Siempre deben remitirse a un centro hospitalario.


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Pueden diferenciarse dos tipos de consumidores de cannabis: los jóvenes, que suelen utilizarlo como una droga más y en un marco de politoxicomanía, y los adultos con una situación familiar y profesional estables, que realizan un consumo más «recreativo» de la droga.

En el caso de los jóvenes, la cannabis suele ser una droga que alternan con el alcohol o con otras sustancias como la heroína y la cocaína, y en los últimos años con las drogas de síntesis o de diseño. En el caso de los dependientes de opiáceos o de la cocaína el consumo de cannabis, al igual que el de alcohol, se realiza en un intento de compensación o de automedicación, en momentos en que la droga principal escasea (heroína) o como ansiolítico y/o hipnótico (cocaína).

Los adultos suelen tener un consumo más limitado, fuera de los horarios laborales, con una fuerte convicción de la utilidad ansiolítica del producto y con una intensa dependencia psicológica hacia éste.

El fenómeno más típico descrito en relación a la cannabis es el del síndrome amotivacional. El consumidor regular experimenta un descenso, casi imperceptible a veces, de su capacidad para desarrollar iniciativas, empezar proyectos, interesarse en sus aficiones, etc. Se trata de cuadros subdepresivos caracterizados por la apatía, la inhibición y un cierto embotamiento afectivo donde la indiferencia predomina sobre la tristeza.

Los trastornos psíquicos más graves descritos son las psicosis cannábicas. Se trata de un síndrome casi superponible a la esquizofrenia paranoide, pero de curso más breve y, habitualmente, de mejor respuesta al tratamiento y mejor pronóstico si cesa el consumo de cannabis. Este tipo de cuadros sólo se han descrito en personalidades especialmente predispuestas o bien después de dosis muy importantes de cannabinoles.