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Convicción de «tener algo malo», convicción que persiste aun en ausencia de las pruebas médicas en sentido contrario. Su prevalencia se estima alrededor del 0,1% de la población. El hipocondríaco puede ser de temple obsesivo, ansioso o depresivo. El obsesivo puede examinarse diariamente en busca de lo «que hoy me funciona mal». Cuidado si hay una conformación muy obsesiva, pues puede tratarse de un trastorno obsesivo-compulsivo con «máscara hipocondríaca».

El ansioso puede iniciar una hipocondría a partir de crisis de pánico que va atribuyendo a «cosas que funcionan mal de mi cuerpo». A lo largo de años puede desaparecer la angustia y quedar la hipocondría, como un vestigio del antiguo proceso, pero muy estructurada.

Finalmente se estará alerta con aquellos hipocondríacos que invariablemente se activan cuando se deprimen, pues aunque no se sepa con certeza si es un hipocondríaco o un depresivo con «máscara hipocondríaca», puede ser lícito un tratamiento con antidepresivos.


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Un número importante de problemas pueden confundirse con debilidad: apatía y depresión, disnea, mialgias, pérdida de fuerza en las extremidades inferiores, hipotensión ortostática, etc. En el tratamiento de la debilidad, el objetivo es a menudo el alivio o la adaptación del paciente a aquélla. Sin embargo, es necesario descartar las causas reversibles o susceptibles de mejoría importante, como las yatrógenas por fármacos, hipercalcemia, enfermedades asociadas, síndromes paraneoplásicos (Eaton-Lambert) y algunos casos de malnutrición. En estos casos es útil la realización de hemogramas y pruebas bioquímicas básicas (glucemia, urea, calcemia y electrólitos).

La anemia no suele causar problemas en esta fase de la enfermedad si se instaura gradualmente, ya que se desarrolla tolerancia y la transfusión no aporta beneficios, o a lo sumo, éstos son muy transitorios. La estrategia terapéutica suele consistir en facilitar la adaptación del estilo de vida del paciente a la anemia, aceptando, en la medida de lo posible, sus limitaciones y potenciando todas las cosas que aún pueda hacer, aunque sea de manera diferente a la habitual (adaptación de los cubiertos, andadores, etc.). La debilidad es una causa importante de malestar en personas previamente independientes, en las que será necesario mantener su autoestima y dignidad. No han de olvidarse las movilizaciones en el enfermo débil encamado para evitar contracturas, úlceras y facilitar el vaciado vesical y rectal.


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Según un estudio realizado por el departamento de Psicología y Psiquiatría Médica de Madrid, la gravedad de la depresión podría medirse a través de las ondas eléctricas medidas por el electroencefalograma.

Al parecer, la depresión afectaría directamente fusiones de alta integración como lo son la memoria y la discriminación visual de las personas, además, también afectarían la capacidad de procesar información por parte del individuo. Todos estos patrones se pueden objetivar mediante el uso del electroencefalograma.

Esta quedará registrada como la primera vez que un grupo de investigación científica nucléa los estudios hacia el lóbulo occipital del cerebro para el estudio de la depresión, y permite además el uso de una nueva herramienta para la valoración de la gravedad de la patología.

La investigación comenzó en el año 2006 y tuvo como coordinador general al catedrático Tomás Ortiz, del departamento de Psicología y Psiquiatría Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.



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Un estudio realizado en España por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) mostró que un 97% de los pacientes con cáncer experimenta astenia, o sea fatiga o cansancio.

La investigación se basó en un cuestionario, Perform (Percepciones de la fatiga en pacientes oncológicos: su realidad y medición), en el participaron 500 pacientes oncológicos.

Los resultados arrojaron además que el 91% de los pacientes que sufren astenia no pueden llevar adelante una vida normal, y muchas veces esta limitación los lleva a la depresión y por lo tanto entran en un círculo de negatividad. El cansancio afecta la vida cotidiana, no les da a los pacientes la fuerza, la voluntad que necesitan para superar la enfermedad, además también repercute sobre otros aspectos de la vida como: las relaciones sociales, entretenimiento y autocuidado.

Es llamativo que la astenia ha sido considerado como el síntoma que mayor repercusión ha tenido tanto en la enfermedad como en su calidad de vida, más que otros síntomas como el insomnio, la depresión, o el propio dolor.

Sobre el tratamiento de la astenia existe un debate que enfrenta dos posiciones bien marcadas, por un lado están los que defienden el uso de antidepresivos para modular la cantidad de endorfinas y por lo tanto mejorar el ánimo del paciente, y por otro lado los que recomiendan otros métodos como actividades recreativas, pueden ser practicar algún deporte, ir al cine, pintar, etc, de esta manera no se satura al paciente con más fármacos de los que ya toman por la propia enfermedad.


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La depresión es una entidad se ve cada vez con mayor frecuencia en la población en general, además esta causaría más daños a la salud que cualquier otro tipo de patología crónica. Es por eso que en muchos sistemas de salud se pretende que esta enfermedad se tome como algo prioritario.

Según estudios recientes, se estima que esta patología psiquiátrica afecte cada vez a más personas, es más, se espera que para el 2020 la depresión sea una de las enfermedades con mayor impacto sobre la salud. Actualmente esta considerada como la cuarta con mayor impacto, se supone que para el año mencionado ascienda al segundo lugar.

Se calcula que una de cada cinco mujeres, y uno de cada diez hombres sufrirá de depresión al menos una vez en la vida. Esta enfermedad afecta al estado de ánimo de las personas, la forma de concebir la realidad, y la forma de pensar. Altera funciones vitales como el ciclo sueño-vigilia, el modo de alimentarse.

Hay que recalcar que no todo estado pasajero de tristeza significa que la persona sufra de un trastorno depresivo. Los estados pasajeros de tristeza pueden ser reacciones normales del organismo a algún hecho negativo como puede ser la pérdida de un ser querido.


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Los trastornos de ánimo y la ansiedad son las enfermedades psíquicas más comunes y cada uno afecta incluso a un 10% de la población general en algún momento de su vida.

La depresión clínica se distingue de la pena, tristeza y desilusión normales y de la disforia o desmoralización que suele relacionarse con enfermedad médica. El padecimiento se diagnóstica, y a menudo se trata, de modo insuficiente. La depresión mayor se caracteriza por sensaciones de tristeza y desesperación intensas, lentificación de los procesos mentales y pérdida de la concentración, preocupación pesimista, falta de placer, auto-depreciación, y agitación variable u hostilidad.

También ocurren cambios físicos particularmente en sujetos con depresión grave, vital o “melancólica”. Estos incluyen insomnio o hipersomnia; alteraciones de los modelos del consumo de alimentos, con anorexia y pérdida de peso o a veces consumo excesivo de comida; decremento de la energía y de la libido, y alteración de los ritmos de actividad, teperatura corporal y muchas funciones endocrinas.

Incluso 10 a 15% de personas con grave depresión clínica y 25% de los que tienen un trastorno bipolar presentan conducta suicida en algún momento de su vida. Los individuos con depresión por lo común mejoran con los antidepresivos o en caso de personas resistentes al tratamiento o con la forma grave lo harán a la terapia electro-convulsiva; este método sigue siendo la modalidad más rápida y eficaz contra la depresión aguda y profunda, y a veces salva la vida en individuos que recurren al suicidio de manera contumaz.


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Al parecer existiría relación entre ciertos trastornos psicológicos como la ansiedad y depresión, y las alergias. Así lo afirmaron investigadores de
la Universidad de Wisconsin en el Journal of Clinical Psychiatry.

Según la investigación, los niños y adolecentes que padecen algún trastorno de internalización son más propensos a tener algún tipo de alergias. Para el estudio se tomo una muetra de 184 jóvenes  de entre 4 y 20 años bajo observación por algún trastorno psocológico.

Los resultados arrojaron que el 57% de estos sufría algún tipo de alergias como asma, rinitis alérgica y eczema. De esta forma los investigadores encontraron que la posibilidad de padecer alergia era del doble para los niños y adolecentes que sufrían de algún trastorno de internalización.

El encargado de la investigación, el doctor Mauricio Infante destacó que estos hallazgos pueden poner en evidencia que existen factores de riesgo compartidos entre estas dos afecciones.


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Muchos y muchas jóvenes sufren de trastornos alimentarios, una enfermedad provocada por un comportamiento obsesivo relacionado con la comida. Es más frecuente en mujeres, pero cada vez más aumenta el número de hombres que padecen desordenes alimenticios.

En esta enfermedad existen componentes psicológicos y de causas físicas. Entre los primeros encontramos un componente de inseguridad por parte de los pacientes, depresión, ansiedad, así como también relaciones conflictivas con la pareja o familiares cercanos.

En gran parte de los casos encontramos que los pacientes tienen antecedentes de abusos físicos en la infancia (sexuales o emocionales), o haber crecido en un entorno familiar inestable con parientes alcohólicos o adictos a otras drogas.

Dentro de las causas físicas encontramos que estos pacientes se encuentran en conflicto con los cánones de belleza que la sociedad actual establece. Esto lleva a que la persona adopte un comportamiento obsesivo con su imagen alterando su propio metabolismo. Con esto se alteran neurotransmisores químicos dentro el cerebro, de esta forma se llega a la euforia responsable de la “adicción” a estos regímenes alimenticios extremos.


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Según estudios recientes se encontró una relación bastante directa entre la depresión y la perdida de masa ósea. O sea, las mujeres que padecen depresión perderían mayor cantidad de masa ósea y con mayor rapidez.

El estudio se realizó sobre 4177 mujeres de mas de 69 años, se identificaron los síntomas depresivos, y se les hizo controles de densidad de mas ósea tomando como parámetro de control la cadera.

Los estudios arrojaron una relación bastante directa entre las mujeres que presentaban síntomas depresivos y su mayor pérdida de masa ósea, es más, cuanto mayores eran los síntomas depresivos, mayor era el nivel de pérdida ósea. Así lo mencionaron los especialistas de la University of Minnesota, en Minneapolis.

Ya existían antecedentes previos de una investigación que señalaba un aumento del riesgo de fracturas en personas que sufrían depresión. A todo esto se llega como conclusión que todos los médicos deberían tener más en cuenta la posibilidad de la pérdida de masa ósea en las mujeres que consultan por depresión.

De todas formas aún esta en estudio la relación entre ambas patologías.