Una nueva técnica que lleva por nombre estimulación cerebral cortical podría, según investigadores, mejorar los síntomas de pacientes con procesos de depresión mayor difíciles de tratar.
De acuerdo a anotaciones hechas por el Dr. Emad Eskandar, autor de un estudio presentado en la reunión anual de la American Association of Neurological Surgeons (AANS), en la ciudad de San Diego, esta técnica liberó de tensiones y de síntomas de depresión, a sujetos que la padecían por más de 27 años. La técnica funcionó de tal manera que superaba en creces los resultados obtenidos con medicación farmacológica.
Básicamente, esta técnica de estimulación cortical funciona colocando electrodos cerca de la superficie del cerebro, por fuera del recubrimiento del cerebro. Estos electrodos emiten pulsos eléctricos mínimos que bloquean cualquier actividad anormal del cerebro. El tratamiento requiere claro, de una cirugía poco invasiva y con alto nivel de resultado.
Estas investigaciones sobre estimulación cerebral datan de mucho tiempo atrás y han estado en su mayoría referidas a enfermedades como el parkinsonismo, pero serían posiblemente el boom de las técnicas efectivas contra procesos depresivos.
El uso de esta técnica tendría éxito principalmente porque la quinta parte de las personas con depresión no obtienen alivio de terapias como la psicoterapia y los fármacos prescritos.
El estudio que sustenta estos resultados fue financiado por Northstar Neuroscience y tuvo como resultado un 70% de pacientes con mejorías en distintas medidas y tres de los pacientes obtuvieron una remisión completa.
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El problema médico de la ansiedad tendría una razón física razonable, al haberse descubierto un importante químico para el desarrollo cerebral que tendría un rol clave en el proceso ansioso de quienes le padecen.
El descubrimiento ha sido hecho por investigadores de Estados Unidos, que realizaron el estudio utilizando ratas criadas a quienes les aumentó un químico cerebral llamado factor de crecimiento para fibroblastos 2 o FGF2 en la medida que fueron expuestas a condiciones de vida que estimulaban su deseo de exploración y actividad física.
El comunicado fue hecho por Javier Perez, de la University of Michigan, jefe del equipo investigador cuyo estudio ha sido publicado en el Journal of Neuroscience.
De acuerdo a información lanzada por Perez el químico cerebral FGF2 tendría efectos claves contra los procesos de ansiedad y depresión ayudando a preservar nuevas células cerebrales.
Este descubrimiento, financiado por el Fondo de Investigación de Desórdenes Neuropsiquiátricos Pritzker, abriría el camino a estudios sobre terapias nuevas y más efectivas para la ansiedad, no tomando como solución los fármacos prescriptos.
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Es necesario saber que tanto el dolor como la depresión están conectados, porque un paciente que tiene uno de esos problemas, en su mayoría tienen el otro también, y cuando se habla de dolores son por un tiempo muy prolongado.
Pero para comprobarlo debidamente se realizó un estudio con 30 jóvenes, la mitad estaban completamente sanos y la otra mitad sufrían de depresión. Para esto se quiso ver la reacción cerebral que tenían frente a un estímulo de calor en el brazo, con la diferencia que a un grupo no le dolía y al otro sí.
Lo interesante en esta parte es que los pacientes ya sabían que les tocaría, entonces también se lograba observar la preparación de su cerebro para aquellos que les tocaba soportar el dolor.
Así, se logró comprobar que los pacientes con depresión logran diferenciar de forma más amplia lo que le espera a su cuerpo y lo que ya está experimentando o ha experimentado. Y no sólo reacciona en esto el cerebro, sino también otras partes del cuerpo como las amígdalas o el encéfalo, partes del organismo que ya habían reaccionado al dolor tan sólo con saber que en unos minutos lo iban a sentir, eso quiere decir que la depresión ya manifestaba lo que iba a suceder de forma física.
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La depresión aunque es un estado emocional, también existen personas a quienes les aparecen síntomas físicos como son los dolores de cabeza, que suelen ser peor si la persona sufre de migraña; incluso cualquier tipo de dolor en el cuerpo ya sea músculos, la espalda u otros, serán aún mayores sufriendo de depresión. La fatiga, el no poder dormir, los mareos e incluso la diarrea, son algunos de los factores que se producen a causa esta enfermedad que sólo se pensaba que era psicológica.
La mayoría de personas deprimidas que tienen estos problemas no saben que son indicios por su tristeza profunda.
Por eso siempre es bueno que lleven un tratamiento que no sólo les ayude en el aspecto mental sino también en el físico, ya que es por eso que el cerebro produce una inestabilidad en su interior produciendo todo tipo de inconvenientes corporales.
Pero si no es posible terminar ambos problemas con un solo tipo de terapia, es mejor empezar por el que solucionará aunque sea sólo el de la depresión, y a veces incluso es necesario incluir antidepresivos u otros tipos de medicamentos.
Siempre es importante que estas personas no estén solas y puedan mantener contacto y ayuda de sus seres queridos.
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Si los antidepresivos no lo ayudan por completo, ahora existe un nuevo método para poder luchar contra la depresión.
Este nuevo método se denomina la terapia magnética, que consta en colocar al paciente en una camilla -como las que hay en una cita normal al psiquiatra- pero sólo con leves modificaciones, como que cuenta con una pantalla al lado y una especie de máquina especial con cables de cobre para ser colocados en la cabeza del paciente para administrarle corrientes eléctricas que se dirigen exactamente a la parte emocional del cerebro.
El tiempo de esta terapia es de aproximadamente 8 semanas de un máximo de 40 minutos por sesión. El único efecto secundario puede ser dolor de cabeza, pero esto se presenta en muy pocas personas.
Aunque este método no acabará con la depresión del paciente, lo que intentará es poder estimular las neuronas y ciertas conexiones dentro del cerebro que no están funcionando correctamente.
Pero si la persona utiliza esta terapia en sus inicios de tratamiento sobre la depresión, la terapia podrá llegar a ser mucho más efectiva, que en un paciente que lleva tiempo con este mal y tal vez al final sólo logre controlarlo a largo tiempo.
A veces las pastillas no funcionan del todo, y por eso es necesario probar otros métodos que suelen ser más efectivos que otros. Ya hay muchos pacientes sometiendose a este tratamiento pues parece ser una buena alternativa para dejar de lado el uso constante de pastillas que es tradicional en esta enfermedad.
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Al parecer se puede decir gracias a estudios de varios expertos que las fobias y la depresión suelen darse en gran parte en los adolescentes, esto puede llevar a que de no atenderse terminen en algun tipo de adicción, uno de los trastornos mas comunes es la fobia por medio de la cual el individuo genera un miedo totalmente irracional hacia un objeto u cosa.
A mi criterio uno de los principales problemas que causa las adicciones es la depresión, este es un padecimiento afectivo y es seguido de la impulsividad, todas estas cosas pueden ser muy comunes en los adolescentes ya que están en una edad vital para su formación como personas, esto en algunos casos les genera no encontrar su lugar en el mundo y esto trae estos problemas.
Aparte estas las cifras que nos indican que gran parte de los suicidios se dan en adolescentes a esto hay que sumar que la adolescencia cada ves dura mas de esta forma es cada ves mas duro el golpe de entrar en el mundo de los adultos, esto puede llevar a generar este tipo de conductas.
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Convicción de «tener algo malo», convicción que persiste aun en ausencia de las pruebas médicas en sentido contrario. Su prevalencia se estima alrededor del 0,1% de la población. El hipocondríaco puede ser de temple obsesivo, ansioso o depresivo. El obsesivo puede examinarse diariamente en busca de lo «que hoy me funciona mal». Cuidado si hay una conformación muy obsesiva, pues puede tratarse de un trastorno obsesivo-compulsivo con «máscara hipocondríaca».
El ansioso puede iniciar una hipocondría a partir de crisis de pánico que va atribuyendo a «cosas que funcionan mal de mi cuerpo». A lo largo de años puede desaparecer la angustia y quedar la hipocondría, como un vestigio del antiguo proceso, pero muy estructurada.
Finalmente se estará alerta con aquellos hipocondríacos que invariablemente se activan cuando se deprimen, pues aunque no se sepa con certeza si es un hipocondríaco o un depresivo con «máscara hipocondríaca», puede ser lícito un tratamiento con antidepresivos.
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Un número importante de problemas pueden confundirse con debilidad: apatía y depresión, disnea, mialgias, pérdida de fuerza en las extremidades inferiores, hipotensión ortostática, etc. En el tratamiento de la debilidad, el objetivo es a menudo el alivio o la adaptación del paciente a aquélla. Sin embargo, es necesario descartar las causas reversibles o susceptibles de mejoría importante, como las yatrógenas por fármacos, hipercalcemia, enfermedades asociadas, síndromes paraneoplásicos (Eaton-Lambert) y algunos casos de malnutrición. En estos casos es útil la realización de hemogramas y pruebas bioquímicas básicas (glucemia, urea, calcemia y electrólitos).
La anemia no suele causar problemas en esta fase de la enfermedad si se instaura gradualmente, ya que se desarrolla tolerancia y la transfusión no aporta beneficios, o a lo sumo, éstos son muy transitorios. La estrategia terapéutica suele consistir en facilitar la adaptación del estilo de vida del paciente a la anemia, aceptando, en la medida de lo posible, sus limitaciones y potenciando todas las cosas que aún pueda hacer, aunque sea de manera diferente a la habitual (adaptación de los cubiertos, andadores, etc.). La debilidad es una causa importante de malestar en personas previamente independientes, en las que será necesario mantener su autoestima y dignidad. No han de olvidarse las movilizaciones en el enfermo débil encamado para evitar contracturas, úlceras y facilitar el vaciado vesical y rectal.
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En la clínica práctica se encuentran tres tipologías de pacientes deprimidos: a) debido a una situación social penosa; b) debido a una enfermedad corporal, sobre todo si causa dolor, y c) como manifestación de un trastorno primario del estado de ánimo, es decir, un trastorno depresivo en sentido estricto.
En cualquiera de estas tres circunstancias el clínico debiera llegar a la sospecha de depresión no sólo a partir de la expresividad verbal, sino también la no verbal, ya que algunos pacientes están especialmente infradotados para comunicar a nivel verbal sus emociones (alexitímicos) (Skipko, 1982).
Por consiguiente, dominar la lectura de la expresividad facial puede ser un test barato y rápido para la detección de la disforia. La irritabilidad excesiva debiera también poner al profesional en la pista, pues suele ser una conducta compensatoria de la depresión.
Otra característica del deprimido es ponerse a llorar ante un mínimo señalamiento del tipo: «Me parece verle/la más apagada (o triste) de lo habitual…» A la inversa: sospeche de aquel paciente que se declara deprimido, pero acude perfectamente arreglado a la consulta. Posiblemente no lo sea o tenga un concepto particular de esta palabra.
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Según un estudio realizado por el departamento de Psicología y Psiquiatría Médica de Madrid, la gravedad de la depresión podría medirse a través de las ondas eléctricas medidas por el electroencefalograma.
Al parecer, la depresión afectaría directamente fusiones de alta integración como lo son la memoria y la discriminación visual de las personas, además, también afectarían la capacidad de procesar información por parte del individuo. Todos estos patrones se pueden objetivar mediante el uso del electroencefalograma.
Esta quedará registrada como la primera vez que un grupo de investigación científica nucléa los estudios hacia el lóbulo occipital del cerebro para el estudio de la depresión, y permite además el uso de una nueva herramienta para la valoración de la gravedad de la patología.
La investigación comenzó en el año 2006 y tuvo como coordinador general al catedrático Tomás Ortiz, del departamento de Psicología y Psiquiatría Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.
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Un estudio realizado en España por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) mostró que un 97% de los pacientes con cáncer experimenta astenia, o sea fatiga o cansancio.
La investigación se basó en un cuestionario, Perform (Percepciones de la fatiga en pacientes oncológicos: su realidad y medición), en el participaron 500 pacientes oncológicos.
Los resultados arrojaron además que el 91% de los pacientes que sufren astenia no pueden llevar adelante una vida normal, y muchas veces esta limitación los lleva a la depresión y por lo tanto entran en un círculo de negatividad. El cansancio afecta la vida cotidiana, no les da a los pacientes la fuerza, la voluntad que necesitan para superar la enfermedad, además también repercute sobre otros aspectos de la vida como: las relaciones sociales, entretenimiento y autocuidado.
Es llamativo que la astenia ha sido considerado como el síntoma que mayor repercusión ha tenido tanto en la enfermedad como en su calidad de vida, más que otros síntomas como el insomnio, la depresión, o el propio dolor.
Sobre el tratamiento de la astenia existe un debate que enfrenta dos posiciones bien marcadas, por un lado están los que defienden el uso de antidepresivos para modular la cantidad de endorfinas y por lo tanto mejorar el ánimo del paciente, y por otro lado los que recomiendan otros métodos como actividades recreativas, pueden ser practicar algún deporte, ir al cine, pintar, etc, de esta manera no se satura al paciente con más fármacos de los que ya toman por la propia enfermedad.
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La depresión es una entidad se ve cada vez con mayor frecuencia en la población en general, además esta causaría más daños a la salud que cualquier otro tipo de patología crónica. Es por eso que en muchos sistemas de salud se pretende que esta enfermedad se tome como algo prioritario.
Según estudios recientes, se estima que esta patología psiquiátrica afecte cada vez a más personas, es más, se espera que para el 2020 la depresión sea una de las enfermedades con mayor impacto sobre la salud. Actualmente esta considerada como la cuarta con mayor impacto, se supone que para el año mencionado ascienda al segundo lugar.
Se calcula que una de cada cinco mujeres, y uno de cada diez hombres sufrirá de depresión al menos una vez en la vida. Esta enfermedad afecta al estado de ánimo de las personas, la forma de concebir la realidad, y la forma de pensar. Altera funciones vitales como el ciclo sueño-vigilia, el modo de alimentarse.
Hay que recalcar que no todo estado pasajero de tristeza significa que la persona sufra de un trastorno depresivo. Los estados pasajeros de tristeza pueden ser reacciones normales del organismo a algún hecho negativo como puede ser la pérdida de un ser querido.
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Los trastornos de ánimo y la ansiedad son las enfermedades psíquicas más comunes y cada uno afecta incluso a un 10% de la población general en algún momento de su vida.
La depresión clínica se distingue de la pena, tristeza y desilusión normales y de la disforia o desmoralización que suele relacionarse con enfermedad médica. El padecimiento se diagnóstica, y a menudo se trata, de modo insuficiente. La depresión mayor se caracteriza por sensaciones de tristeza y desesperación intensas, lentificación de los procesos mentales y pérdida de la concentración, preocupación pesimista, falta de placer, auto-depreciación, y agitación variable u hostilidad.
También ocurren cambios físicos particularmente en sujetos con depresión grave, vital o “melancólica”. Estos incluyen insomnio o hipersomnia; alteraciones de los modelos del consumo de alimentos, con anorexia y pérdida de peso o a veces consumo excesivo de comida; decremento de la energía y de la libido, y alteración de los ritmos de actividad, teperatura corporal y muchas funciones endocrinas.
Incluso 10 a 15% de personas con grave depresión clínica y 25% de los que tienen un trastorno bipolar presentan conducta suicida en algún momento de su vida. Los individuos con depresión por lo común mejoran con los antidepresivos o en caso de personas resistentes al tratamiento o con la forma grave lo harán a la terapia electro-convulsiva; este método sigue siendo la modalidad más rápida y eficaz contra la depresión aguda y profunda, y a veces salva la vida en individuos que recurren al suicidio de manera contumaz.
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Al parecer existiría relación entre ciertos trastornos psicológicos como la ansiedad y depresión, y las alergias. Así lo afirmaron investigadores de
la Universidad de Wisconsin en el Journal of Clinical Psychiatry.
Según la investigación, los niños y adolecentes que padecen algún trastorno de internalización son más propensos a tener algún tipo de alergias. Para el estudio se tomo una muetra de 184 jóvenes de entre 4 y 20 años bajo observación por algún trastorno psocológico.
Los resultados arrojaron que el 57% de estos sufría algún tipo de alergias como asma, rinitis alérgica y eczema. De esta forma los investigadores encontraron que la posibilidad de padecer alergia era del doble para los niños y adolecentes que sufrían de algún trastorno de internalización.
El encargado de la investigación, el doctor Mauricio Infante destacó que estos hallazgos pueden poner en evidencia que existen factores de riesgo compartidos entre estas dos afecciones.
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Muchos y muchas jóvenes sufren de trastornos alimentarios, una enfermedad provocada por un comportamiento obsesivo relacionado con la comida. Es más frecuente en mujeres, pero cada vez más aumenta el número de hombres que padecen desordenes alimenticios.
En esta enfermedad existen componentes psicológicos y de causas físicas. Entre los primeros encontramos un componente de inseguridad por parte de los pacientes, depresión, ansiedad, así como también relaciones conflictivas con la pareja o familiares cercanos.
En gran parte de los casos encontramos que los pacientes tienen antecedentes de abusos físicos en la infancia (sexuales o emocionales), o haber crecido en un entorno familiar inestable con parientes alcohólicos o adictos a otras drogas.
Dentro de las causas físicas encontramos que estos pacientes se encuentran en conflicto con los cánones de belleza que la sociedad actual establece. Esto lleva a que la persona adopte un comportamiento obsesivo con su imagen alterando su propio metabolismo. Con esto se alteran neurotransmisores químicos dentro el cerebro, de esta forma se llega a la euforia responsable de la “adicción” a estos regímenes alimenticios extremos.
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