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Es evidente que la medida más efectiva para disminuir la morbilidad y mortalidad del cáncer oral es la prevención primaria, reduciendo la aparición de nuevos casos, disminuyendo el consumo de tabaco y alcohol y manteniendo un buen nivel de higiene bucal además de evitar todos los factores irritativos locales (caries, prótesis mal elaboradas-ajustadas, etc.).

No obstante, en la consulta diaria sería muy importante descartar la presencia de lesiones intraorales que indujeran a dudar de la presencia de una lesión maligna o premaligna, dado que el porcentaje de mortalidad se reduce, tal como hemos indicado antes, en función del diagnóstico precoz del caso. Un dato importante a tener en cuenta es que normalmente los pacientes con lesiones orales malignas incipientes consultan en la mayoría de los casos, en primer lugar, con su médico de familia y no con el odontólogo, por lo que es preciso en estos casos que el circuito de derivación sea lo más rápido posible.

Sería ideal que se investigara la existencia de cualquier proceso incipiente bucal sistemáticamente, al realizar exploraciones de orofaringe, amígdalas, etc., lo que contribuiría en muchos casos al diagnóstico precoz del cáncer oral.


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Pueden diferenciarse dos tipos de consumidores de cannabis: los jóvenes, que suelen utilizarlo como una droga más y en un marco de politoxicomanía, y los adultos con una situación familiar y profesional estables, que realizan un consumo más «recreativo» de la droga.

En el caso de los jóvenes, la cannabis suele ser una droga que alternan con el alcohol o con otras sustancias como la heroína y la cocaína, y en los últimos años con las drogas de síntesis o de diseño. En el caso de los dependientes de opiáceos o de la cocaína el consumo de cannabis, al igual que el de alcohol, se realiza en un intento de compensación o de automedicación, en momentos en que la droga principal escasea (heroína) o como ansiolítico y/o hipnótico (cocaína).

Los adultos suelen tener un consumo más limitado, fuera de los horarios laborales, con una fuerte convicción de la utilidad ansiolítica del producto y con una intensa dependencia psicológica hacia éste.

El fenómeno más típico descrito en relación a la cannabis es el del síndrome amotivacional. El consumidor regular experimenta un descenso, casi imperceptible a veces, de su capacidad para desarrollar iniciativas, empezar proyectos, interesarse en sus aficiones, etc. Se trata de cuadros subdepresivos caracterizados por la apatía, la inhibición y un cierto embotamiento afectivo donde la indiferencia predomina sobre la tristeza.

Los trastornos psíquicos más graves descritos son las psicosis cannábicas. Se trata de un síndrome casi superponible a la esquizofrenia paranoide, pero de curso más breve y, habitualmente, de mejor respuesta al tratamiento y mejor pronóstico si cesa el consumo de cannabis. Este tipo de cuadros sólo se han descrito en personalidades especialmente predispuestas o bien después de dosis muy importantes de cannabinoles.


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La OMS define el trastorno relacionado con el alcohol o «alcohol-related disabilities» como «cualquier deterioro en el funcionamiento físico, mental o social de un individuo, cuya naturaleza permita inferir razonablemente que el alcohol es una parte del nexo causal que provoca dicho trastorno».

Con ello se pretende englobar el conjunto de alteraciones en las que el consumo de alcohol incide directamente, tanto cuando dicho consumo se da en pacientes alcohólicos como cuando se da en consumidores no dependientes.

Esta perspectiva general permite valorar la incidencia real del consumo de alcohol en el conjunto de la población. Así, se halla plenamente establecido que el alcohol está relacionado con un 40-50% de los accidentes de tráfico, un 15-20% de accidentes laborales, el 50% de homicidios, etc.

Frente a esta elevada incidencia de patología alcohólica, sorprenden las dificultades que el personal sanitario presenta para identificar correctamente dicha patología.

 En el medio hospitalario el porcentaje de alcoholismos «ocultos» puede elevarse al 80% (Bach et al, 1987), y estudios realizados en la asistencia primaria sorprenden demostrando que los pacientes consideran el alcohol como el causante de su problemática con una frecuencia mayor que sus propios médicos (Aasland, 1987). De hecho, múltiples estudios sobre detección de alcoholismo en la Atención Primaria coinciden en afirmar que sólo un 30% de los alcohólicos atendidos son diagnosticados como tales.