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El tratamiento ideal es la resección quirúrgica que siempre estará condicionada al estadio y localización del tumor. A pesar de una resección con intención curativa, casi el 50% desarrollarán recidiva local, regional o a distancia.

El tipo de resección, hemicolectomía derecha o izquierda, dependerá de la localización del tumor y, en el cáncer de recto, las lesiones situadas a menos de 7 cm del margen anal, requerirán una resección abdominoperitoneal.

La quimioterapia posquirúrgica se utiliza en el cáncer de colon del tipo B3 y C. En el cáncer de recto tipo B2, B3 y C, se practica radioterapia y posteriormente, quimioterapia. En caso de enfermedad diseminada, puede practicarse quimioterapia y radioterapia paliativa en función de la sintomatología y estado del paciente.

En el paciente con cáncer de colon, si existen metástasis hepáticas en un solo lóbulo y en número máximo de 3 puede practicarse resección con intención curativa. También puede utilizarse el láser por vía endoscópica de forma paliativa en pacientes portadores de lesiones en rectosigma con riesgo de obstrucción.


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Es una acumulación de materia fecal en el recto, en el colon sigmoideo o en ambos ala vez, la cual debido a su tamaño y/o consistencia no puede ser eliminada por el ano en forma espontánea.

El fecalota ocurre preferentemente en constipados habituales, sobre todo ancianos, sicóticos y enfermos de megacolon.

En todos ellos la postración o inactividad prolongada es una causa precipitante. También puede ocurrir en enfermos jóvenes que durante postoperatorios dolorosos de cirugía abdominal o rectal evitan los esfuerzos defecatorios. En todas las situaciones mencionadas, la propulsión del contenido colónico es anormal, de manera que la materia fecal se deshidrata y endurece progresivamente.

Paradójicamente el abuso de laxantes puede ser causa de fecalota por inhibición de la motilidad colónica.


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Las metástasis hepáticas son frecuentes en el curso de diversas neoplasias, principalmente cáncer colo-rectal, pulmón, mama, hipernefroma, páncreas y tumores neuroendócrinos.

Pueden ser asintomáticos, más bien manifestarse en forma de dolor en el hipocondrio derecho, asociado a síndrome tóxico, detectándose en la paraclínica (funcional hepático) un patrón colestático de intensidad variable.

Muy raramente la metástasis hepáticas pueden simular clínicamente una hepatopatía crónica o una insuficiencia hepática aguda. Por lo contrario, se detectan mediante ecografía o tomografía computada, y en caso necesario se confirman mediante punción aspirativa.

El pronóstico y el tratamiento de los pacientes con metástasis hepáticas dependen de la neoplasia primaria y del estadío del tumor. En las secundarias a cáncer de origen digestivo puede estar indicada la resección quirúrgica en función de su número y localización.


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Esta enfermedad se caracteriza por la ausencia de neuronas (células ganglionares) en el intestino grueso, lo que conlleva una obstrucción funcional con dilatación del segmento de colon proximal afectado.

Casi todos los casos son esporádicos, pero existen también formas familiares. Hay que recordar que el plexo neuronal intestinal procede de células de la cresta neural que emigran hacia el intestino durante el desarrollo. Los estudios de formas familiares y de modelos en ratones revelan que el aganglionismo se debe a defectos heterogéneos de los genes que regulan a emigración y la supervivencia de los neuroblastos, la neurogénesis y algunos procesos metabólicos de la neurona.

Dentro de las manifestaciones clínicas se destacan ausencia de expulsión del meconio, cuadros de estreñimiento obstructivo, distensión abdominal, trastornos hidroelectrolíticos y enterocolitis a repetición. Todos estos síntomas se dan en niños.