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Es una voracidad desmedida o, mejor, glotonería, en personas inseguras, con personalidad débil, inmadura y ambivalente, con conductas muy oscilantes e inestables, con una clara fijación en la etapa oral.

A menudo son obesos. Se presenta en crisis o brotes, vividos como irrefrenables ganas de comer auténticos atracones, de hartarse hasta reventar. Sobrepasan compulsivamente los límites habituales del volumen de comidas, devoran casi sin masticar, presentando abdominalgias. Pueden incluso provocarse el vómito para vaciar y poder seguir comiendo. Acostumbran a hacerlo medio a escondidas, «clandestinamente», con la intención de ser vistos-y-no-vistos por la familia.

Los niños suelen presentar cierto retraso afectivo y toda la familia parece encallada en la etapa oral, hablando siempre de comidas.

El tratamiento es familiar y se basa en la contención alimentaria mediante la limitación de la compra y acopio en la despensa, el establecimiento de una dieta familiar hipocalórica, muy reglada, con gran volumen de vegetales fibrosos y la limitación o prohibición de la comida entre tomas. Es especialmente importante el distanciamiento terapéutico para evitar los intentos de complicidad que suelen dirigirnos. El pronóstico de la maduración psíquica suele ser reservado, con recaídas.


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Es otra forma grave de trastornos de la conducta alimentaria, que se da especialmente en mujeres adultas, que puede coexistir o no con obesidad, ya que los pacientes presentan como síntoma predominante los episodios frecuentes de atracones compulsivos o binge eating disorders (BED). Éstos se siguen de un profundo sentimiento de culpabilidad, llegando a provocarse el vómito, o a la toma de laxantes y/o diuréticos. Incluso pueden pasar días de ayuno o de dieta muy hipocalórica. Pero poco tiempo después sufren otros episodios de BED.

Criterios diagnósticos

Siguiendo a la American Psychiatric As. Practice Guidelines for Eating Disorders (1993), son los siguientes:

1. Episodios recurrentes de BED de, por lo menos,2 veces por semana, durante 3 o más meses.
2. Sentimiento de pérdida del control durante estos episodios.
3. Episodios de autoinducción al vómito, toma de laxantes y diuréticos, períodos de dieta estricta o incluso ayuno.
4. Un persistente interés excesivo acerca del peso y tamaño corporales.

El tratamiento de la bulimia nerviosa, en el momento actual, debe ser dirigida por el equipo de psiquiatría experto en el tema. No debe caerse en el error de indicar dietas hipocalóricas a las personas que acuden a la consulta a causa del exceso de peso, y en las que se sospecha que cumplen los criterios de bulimia. Ello no haría más que aumentar los episodios de BED, seguido de un sentimiento de culpabilidad, etc. Más adelante, y de acuerdo con el psicoterapeuta, puede intentarse poner orden en la dieta diaria, siempre de tipo hipocalórico moderado y sin que el/la paciente abandone el control por el psiquiatra.

Algunos autores creen que la bulimia nerviosa y la anorexia nerviosa son formas clínicas de la misma enfermedad, la bulimorexia, pero este extremo es negado por otros.
Las más que posibles alteraciones del sistema serotoninérgico en la génesis y mantenimiento de algunas formas de bulimia y de anorexia es quizá la expresión de la complejidad de los trastornos de la conducta alimentaria. Su clasificación actual no es la