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La cirrosis biliar primaria (CBP) es una entidad clínica que se caracteriza por la lesión de los conductos biliares intrahepáticos, aumento de las fosfatasas alcalinas, anticuerpos antimitocondriales y concentraciones elevadas de IgM. Su diagnóstico es posible en varios estadios de la enfermedad (en los iniciales los pacientes no tienen una cirrosis establecida). Suele afectar las mujeres, en las que se sospechará ante un patrón de colostasis intrahepática y prurito persistente.

Aunque no se conoce su etiología, existen datos que sugieren una respuesta inmunitaria alterada. Más del 95% de los pacientes presentan anticuerpos antimitocondriales de tipo IgG. Los sujetos con CBP pueden tener una deficiencia de linfocitos T supresores. A menudo se asocia a otras enfermedades autoinmunes (síndrome de Sjögren, tiroiditis de Hashimoto y síndrome de CREST).

La vigilancia se centrará en la búsqueda de otras enfermedades asociadas y en la detección y tratamiento de la osteoporosis y/u osteomalacia frecuente en este tipo de pacientes (aporte de vitamina D en forma de 25-hidroxi-D3 o 1,25-dihidroxi-D3). No existe un tratamiento farmacológico eficaz y probablemente el trasplante hepático sea el único procedimiento que se pueda ofrecer a estos pacientes, por lo que deberán estar controlados en centros de referencia.


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La afectación por virus del herpes se produce por contacto de las partículas víricas con células epiteliales de la mucosa o piel, o por saliva. El período de incubación acostumbra a ser de una semana aunque puede variar entre 1 y 27 días, emigrando el virus por las terminaciones nerviosas sensitivas de la piel o mucosas al cuerpo ganglionar donde penetra en el núcleo formando nuevas partículas víricas.

El genoma vírico, después del episodio inicial queda acantonado en el núcleo celular, donde puede reactivarse por motivos no bien conocidos. Hasta los años sesenta, el 90% de los adultos tenían anticuerpos, en la actualidad este porcentaje ha disminuido a la mitad. La mayoría de los pacientes con anticuerpos están asintomáticos y menos de la mitad tienen recurrencias (47% con Ac-VHS-1 y un 20-30% con Ac-VHS-2).


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En la génesis del lupus participan 3 tipos de factores:

·       factores genéticos

·       factores hormonales

·       factores ambientales

De la interrelación de estos 3 factores se genera una alteración de la regulación de la inmunidad, que lleva a la expresión de antígenos, y da lugar al lupus.

Factores genéticos: implica la existencia de una predisposión genética, sobre la cuál actuarán los factores ambientales y los factores hormonales, para provocar el lupus. Determinados HLA se vinculan al lupus: DR2  y DR3 (también se vincula a la DM). El compartir estos HLA predispone a una alteración de la tolerancia, siendo éste el mecanismo generador de la autoinmunidad.

Se hereda, por lo tanto, la predisposición a desarrollar lupus.

Factores hormonales: el LES es más frecuente en las mujeres (al igual que todas las enfermedades autoinmunes), debido a una afectación hormonal: los estrógenos son facilitadores de la aparición de enfermedades autoinmunes. El estrógeno debe actuar sobre un terreno previamente afectado, ya sea genética o ambientalmente.

El LES es más frecuente en la edad genital activa, entre la menarca y la menopausia, en que la diferencia de frecuencias entre mujeres y hombres es de 9:1. Los valores para lupus de hombres y mujeres se acercan en la infancia y después de la menopausia.

Los estrógenos facilitan la aparición de enfermedades autoinmunes porque son estimuladores de linfocitos B, que son los responsables de la producción de Ac; la desrrepresión de los LB es la responsable del LES.

Factores ambientales.

El factor ambiental fundamental es el SOL- las radiaciones UV -, que actúa aumentando la expresión de antígenos en las membranas celulares; estos antígenos, que normalmente deberían estar internos en la célula, se expresan en la superficie y son reconocidos como extraños, provocando una enfermedad autoinmune.

Los factores ambientales también pueden actuar sobre los factores genéticos, en un territorio predispuesto: por ejemplo, una infección vírica, puede causar alteración del sistema inmune, a través de la expresión de antígenos diferentes, o   la alteración de la regulación del SI, todo lo cuál lleva a la autoinmunidad.