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El estreñimiento es un síntoma frecuente y muy molesto en enfermos con cáncer avanzado, que está presente aproximadamente en el 60% de los pacientes y hasta en el 80% si toman morfina (excepto en caso de colostomía), por lo que su prevención y tratamiento profiláctico son esenciales en muchos casos.

Las complicaciones que pueden aparecer son impactación fecal (rectal o más alta) con secreción rectal por rebosamiento y retención urinaria secundaria, exacerbación de la anorexia, náuseas y vómitos y en casos extremos cuadros clínicos seudoclusivos. En pacientes mayores o muy deteriorados puede aparecer inquietud o estado confusional. Llega un momento en la evolución de la enfermedad en que el estreñimiento deja de ser un problema, cuando el enfermo presenta ya un estado general extremadamente deteriorado.

Las causas del estreñimiento, como la mayoría de síntomas, son multifactoriales, y los posibles orígenes son, además de los opioides, la disminucióm de la ingesta hídrica, la debilidad, el encamamiento, la posible patología intrabdominal, etc. Es necesaria siempre una valoración del hábito intestinal habitual y de los últimos días, además de una exploración abdominal completa, que incluirá el tacto rectal si lleva más de 3 días sin deposiciones para descartar la impactación rectal.


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El tratamiento de la anorexia nerviosa debe ser dirigido por un equipo de psiquiatría experto en este tema, que en una fase inicial deberá contar con el concurso del endocrinólogo o el internista para descartar patologías orgánicas. También con el dietista, en el momento que el psicoterapeuta juzgue conveniente su intervención.

El hecho de que el tratamiento sea iniciado por otros especialistas no hace sino retrasar el correcto enfoque terapéutico del caso, que de por sí va a ser largo y complejo. Pueden ser necesarios psicofármacos en alguna fase. En otras, puede estar indicado el ingreso hospitalario, sea para separar temporalmente al paciente de su ambiente familiar, sea para salvar un bache de desnutrición grave. Pero el tratamiento es, básicamente, ambulatorio. Los padres deberán recibir información completa, apoyo y, a menudo, soporte psicológico.

Existen formas leves, graves e intermedias. El pronóstico es siempre reservado. Con la ganancia ponderal hasta llegar al peso teórico, remiten la mayoría de signos y síntomas, aunque algunos pueden tardar mucho tiempo en normalizarse. Ya se ha mencionado anteriormente la tendencia al curso recurrente, o con recaídas, así como la curación en un elevado porcentaje de casos.


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Fisiológica

Se presenta en edades de menor aumento de masa corporal (p. ej., preescolar). Es la más frecuente en los lactantes, a partir de los 15-18 meses aproximadamente, es monosintomática y genera ansiedad en los padres, con gran demanda asistencial. Se trata de una conducta normal, interpretada por los familiares como una pérdida del apetito que consideran anormal. La realidad es que come menos porque crece menos, pero la familia lo suele interpretar al revés.

Secundaria

A enfermedad orgánica o transgresión dietética. En la mayoría de enfermedades (incluidas las infecciones agudas) la anorexia constituye un síntoma prodrómico. En un lactante una anorexia deberá hacernos pensar en infección ORL, respiratoria o urinaria. Si la anorexia es monosintomática, es necesaria una anamnesis alimentaria completa.

A situaciones de estrés. El apetito es una actitud reactiva frente a determinados estímulos, no siempre de carácter nutricional: cualquier situación de estrés puede alterarla (p. ej., inicio en guardería, pérdidas afectivas).

A talla baja. En los casos paradójicos, sobrepeso, «inapetencia», la saturación calórica produce por feedback una anorexia compensadora. A los niños menudos-inapetentes, generalmente con padres también de talla límite-baja, temerosos de que su hijo quede bajo como ellos, a menudo los fuerzan a comer. Ante niños con crecimiento límite mediremos a los padres, controlaremos la velocidad de crecimiento y ante la duda descartaremos la presencia de patología orgánica asociada.

Anorexia del destete. Al introducir los alimentos sólidos el bebé los rechaza. Si la madre es tranquila y tolerante ante la situación, el niño no tardará en normalizarse. Si la madre, ansiosa, no tolera la protesta de su hijo, se irán enfrentando madre y hijo, y esta situación puede perdurar hasta los 5-6 años.

Oposicionismo. Es una conducta de oposición más o menos global, dramática y compulsiva. La conducta oposicionista o negativista es propia del preescolar pequeño, abarca todos los ámbitos, incluido el de la alimentación.

Anorexia reactiva o electiva. Desencadenada sólo ante personas o alimentos concretos. Fuera de las tomas es un niño normal. Se trata de niños que han sido presionados a comer y la familia no ha sabido luego variar este antagonismo reforzándose el rechazo defensivo.