
La cocina tradicional familiar no es ya habitual hoy en día. Las prisas de la llamada vida moderna, el trabajo de la mujer fuera del hogar, los distintos horarios de los miembros de la familia, etc., han condicionado el uso de platos precocinados, así como a efectuar varias comidas fuera del hogar (comedor de empresa, restaurante), donde puede ser difícil comer verduras, frutas, carnes a la plancha, y es, en cambio habitual, un exceso lipídico. Tomar un bocadillo al mediodía no es raro, como tampoco lo es cenar a base de pan con embutidos y quesos.
Cambiar el patrón alimentario no es fácil, pero es necesario para seguir una dieta terapéutica correctamente. Por todos los factores que se han descrito, se trata de un patrón de comportamiento que, conscientemente o no, se halla firmemente arraigado y es difícil cambiar.
Ello explica, en parte, la dificultad que entraña la aceptación de una nueva manera de comer. Se debe utilizar la metodología de la educación sanitaria, al mismo tiempo que se debe intentar adaptar la dieta necesaria a la manera que tenía el individuo de comer.
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Es una voracidad desmedida o, mejor, glotonería, en personas inseguras, con personalidad débil, inmadura y ambivalente, con conductas muy oscilantes e inestables, con una clara fijación en la etapa oral.
A menudo son obesos. Se presenta en crisis o brotes, vividos como irrefrenables ganas de comer auténticos atracones, de hartarse hasta reventar. Sobrepasan compulsivamente los límites habituales del volumen de comidas, devoran casi sin masticar, presentando abdominalgias. Pueden incluso provocarse el vómito para vaciar y poder seguir comiendo. Acostumbran a hacerlo medio a escondidas, «clandestinamente», con la intención de ser vistos-y-no-vistos por la familia.
Los niños suelen presentar cierto retraso afectivo y toda la familia parece encallada en la etapa oral, hablando siempre de comidas.
El tratamiento es familiar y se basa en la contención alimentaria mediante la limitación de la compra y acopio en la despensa, el establecimiento de una dieta familiar hipocalórica, muy reglada, con gran volumen de vegetales fibrosos y la limitación o prohibición de la comida entre tomas. Es especialmente importante el distanciamiento terapéutico para evitar los intentos de complicidad que suelen dirigirnos. El pronóstico de la maduración psíquica suele ser reservado, con recaídas.
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La nutrición es tal vez el segundo factor en importancia. Influye en el desarrollo fetal y después del nacimiento, en la velocidad de crecimiento, en la maduración ósea y en el desarrollo de la pubertad.
La alimentación en los primeros años de vida es esencial. La desnutrición global es rara en España, pero puede observarse una desnutrición selectiva proteica entre el destete y los 5 años. Los déficit de minerales y vitaminas (p. ej., yodo, vitamina D, etc.) afectan también el crecimiento.
El retraso que se observa en las enfermedades crónicas es, así mismo, consecuencia de una malnutrición, deficiente utilización de los nutrientes o gasto inadecuado. Si desaparecen las condiciones nutricionales desfavorables, puede alcanzarse una talla normal en pocos años, pero la recuperación ya no llegará a ser completa si la duración del trastorno se ha prolongado.
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El tratamiento de la anorexia nerviosa debe ser dirigido por un equipo de psiquiatría experto en este tema, que en una fase inicial deberá contar con el concurso del endocrinólogo o el internista para descartar patologías orgánicas. También con el dietista, en el momento que el psicoterapeuta juzgue conveniente su intervención.
El hecho de que el tratamiento sea iniciado por otros especialistas no hace sino retrasar el correcto enfoque terapéutico del caso, que de por sí va a ser largo y complejo. Pueden ser necesarios psicofármacos en alguna fase. En otras, puede estar indicado el ingreso hospitalario, sea para separar temporalmente al paciente de su ambiente familiar, sea para salvar un bache de desnutrición grave. Pero el tratamiento es, básicamente, ambulatorio. Los padres deberán recibir información completa, apoyo y, a menudo, soporte psicológico.
Existen formas leves, graves e intermedias. El pronóstico es siempre reservado. Con la ganancia ponderal hasta llegar al peso teórico, remiten la mayoría de signos y síntomas, aunque algunos pueden tardar mucho tiempo en normalizarse. Ya se ha mencionado anteriormente la tendencia al curso recurrente, o con recaídas, así como la curación en un elevado porcentaje de casos.
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Fisiológica
Se presenta en edades de menor aumento de masa corporal (p. ej., preescolar). Es la más frecuente en los lactantes, a partir de los 15-18 meses aproximadamente, es monosintomática y genera ansiedad en los padres, con gran demanda asistencial. Se trata de una conducta normal, interpretada por los familiares como una pérdida del apetito que consideran anormal. La realidad es que come menos porque crece menos, pero la familia lo suele interpretar al revés.
Secundaria
A enfermedad orgánica o transgresión dietética. En la mayoría de enfermedades (incluidas las infecciones agudas) la anorexia constituye un síntoma prodrómico. En un lactante una anorexia deberá hacernos pensar en infección ORL, respiratoria o urinaria. Si la anorexia es monosintomática, es necesaria una anamnesis alimentaria completa.
A situaciones de estrés. El apetito es una actitud reactiva frente a determinados estímulos, no siempre de carácter nutricional: cualquier situación de estrés puede alterarla (p. ej., inicio en guardería, pérdidas afectivas).
A talla baja. En los casos paradójicos, sobrepeso, «inapetencia», la saturación calórica produce por feedback una anorexia compensadora. A los niños menudos-inapetentes, generalmente con padres también de talla límite-baja, temerosos de que su hijo quede bajo como ellos, a menudo los fuerzan a comer. Ante niños con crecimiento límite mediremos a los padres, controlaremos la velocidad de crecimiento y ante la duda descartaremos la presencia de patología orgánica asociada.
Anorexia del destete. Al introducir los alimentos sólidos el bebé los rechaza. Si la madre es tranquila y tolerante ante la situación, el niño no tardará en normalizarse. Si la madre, ansiosa, no tolera la protesta de su hijo, se irán enfrentando madre y hijo, y esta situación puede perdurar hasta los 5-6 años.
Oposicionismo. Es una conducta de oposición más o menos global, dramática y compulsiva. La conducta oposicionista o negativista es propia del preescolar pequeño, abarca todos los ámbitos, incluido el de la alimentación.
Anorexia reactiva o electiva. Desencadenada sólo ante personas o alimentos concretos. Fuera de las tomas es un niño normal. Se trata de niños que han sido presionados a comer y la familia no ha sabido luego variar este antagonismo reforzándose el rechazo defensivo.
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Pretenden incluir al tratamiento de la obesidad dentro de la cartera de servicios, y que la salud pública financie los tratamientos contra esta, así como sus consecuencias. Así se manifestó en el VIII Congreso de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO).
También se pretende concientizar a la población en general de que la obesidad es una enfermedad crónica, una de las más prevalentes en la sociedad occidental y de incidencia creciente. Además se subrayan los factores externos que la favorecen (comerciales, falta de estimulación de hábitos alimenticios adecuados, falta de programas de estimulación de actividades físicas, etc)
Cabe destacar que actualmente en la República Argentina se esta impulsando un proyecto de “ley de la obesidad”, en donde se tocan los temas ya mencionados, pero hace un especial hincapié en la discriminación hacia la población obesa.
Sin duda es un problema cada vez más importante dado que esta afectando franjas etarias vulnerables como niños y adolecentes. Es un tema que tiene varios enfoques desde donde abordarlo.
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