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Las náuseas y los vómitos pueden tener su origen en diversos factores que, además, pueden asociarse. Una correcta valoración del paciente nos conducirá a identificar la causa principal, que suele ser el uso de opioides, la obstrucción intestinal parcial y el estreñimiento.

Otras causas a tener en cuenta son la hipercalcemia en casos de metástasis óseas masivas y la hipertensión endocraneana si concurren metástasis cerebrales. Naturalmente no deben olvidarse los casos de gastritis habitualmente yatrógenas (AINE sobre todo).

Otro aspecto crucial es la fisiopatología del vómito en función de las causas y vías implicadas en su inducción: a) estimulación vagal por distensión gástrica, obstrucción intestinal, afectación de la cápsula hepática, irritación de la mucosa gastrointestinal (fármacos, radioterapia), enfermedad mediastínica; b) estimulación directa del centro del vómito por hipertensión intracraneana, radioterapia de cabeza y cuello o metástasis cerebrales; c) estimulación de la zona gatillo quimiorreceptora (suelo del IV ventrículo) por fármacos (opioides), alteraciones metabólicas (hipercalcemia, uremia); d) estimulación del oído medio por infecciones, movimiento, fármacos ototóxicos o tumor local, y e) estimulación del SNC por ansiedad o miedo.


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El término gastropatía por AINE hace referencia a las lesiones que la utilización de antiinflamatorios no esteroideos (AINE) origina estómago y en el duodeno.

Se debe recordar, no obstante, que los AINEs originan también lesiones en el esófago, intestino delgado y grueso. La importancia de estos fármacos viene avalada por su amplia utilización dadas sus propiedades analgésicas antiinflamatorias y antipiréticas.

Sus efectos beneficiosos son además extensibles al campo de la profilaxis de las enfermedades vasculares oclusivas y a otros más novedosos como la profilaxis del cáncer de colon o la enfermedad de Alzeheimer.

Dado que los AINEs pueden dar efectos importantes sería deseable una utilización razonable de los mismos.


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Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) tendrían la capacidad de reducir el riesgo de padecer enfermedad de Parkinson, así lo afirmó un estudio realizado en la Universidad de California en Los Ángeles (Estados Unidos). Al parecer el riesgo se reduciría hasta en un 60% con fármacos como el ibuprofeno.

Para el estudio se tomo como muestra a 579 individuos de ambos sexos, la mitad de ellos con enfermedad de Parkinson. A los mismos se les preguntó si tomaban aspirina o algún otro AINE como el ibuprofeno ya sea una vez por semana, o durante un mes de corrido.

Los resultados arrojaron que en los pacientes que habían consumido AINE tipo ibuprofeno de forma regular (dos o más pastillas a la semana durante al menos un mes) se les reducía el riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson hasta un 60 por ciento si los comparamos con los consumidores irregulares.

Por este motivo se especula con que los AINE (sobre todo los diferentes a la aspirina) serían protectores ante esta enfermedad, aunque el mecanismo por el cual tendrían este efecto se desconoce aún.

Un dato curioso se vio en relación a las mujeres que eran consumidoras regulares de aspirina, en estas este fármaco si tendría un efecto protector frente a la enfermedad de Parkinson en relación con los hombres.


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La enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), es una patología bastante frecuente dentro de la población, pero que a veces se subestima su potencial y su capacidad de influir en la calidad de vida de las personas. Para los gastroenterólogos es una afección tan incapacitante como la diabetes o la depresión.

Muchos de los pacientes que padecen de ERGE piensas que su patología los predispone a sufrir de entidades más graves como por ejemplo cáncer gástrico, con todo lo que ello conlleva desde el punto de vista psicológico.

Los pacientes que sufren ERGE tienen una incidencia mayor de cáncer de esófago en el tercio inferior del mismo debido al efecto de los jugos ácidos gástricos sobre la mucosa esofágica.

Un factor importante en la génesis de esta enfermedad es el consumo habitual de antiinflamatorios no esteroideos (AINE). Estos fármacos se utilizan para tratar el dolor sobre todo en patologías crónicas osteoarticuláres. Según los expertos el hecho de que estos medicamentos tengan un uso extendido a nivel mundial, no están exentos de riesgos.

Para el tratamiento adecuado de esta enfermedad se usan fármacos que inhiben la bomba de protones en las células de la mucosa gástrica, o sea que inhiben la producción de ácido gástrico, y por lo tanto mantienen un PH en niveles normales. Estos fármacos mejoran la calidad de vida de los pacientes sustancialmente, ya que mejora la calidad del sueño, vitalidad, etc.


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Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) son uno de los fármacos más consumidos en el mundo. Ahora bien, lo que muchas persona no saben es que esto no quita que no traiga efectos secundarios.

Se estima que el 25% de los pacientes que consumen AINE presenten algún efecto secundario, siendo los más frecuentes los del tracto digestivo. Alrededor de un 40-60% de los pacientes que son tratados con AINE en forma habitual presenta lesiones en la mucosa gástrica (erosiones), y hasta un 10-20% presenta úlceras gástricas.

Según gastroenterólogos el 80% de las muertes por úlcera se producen en consumidores habituales de AINE. Además el riesgo de desarrollar úlcera es de 3 a 6 veces superior en pacientes que consumen AINE en forma habitual, y este riesgo es aún mayor en pacientes de más de 60 años.

Por ello se hace hincapié en la protección gástrica de los pacientes que toman habitualmente AINE. La idea es intentar que el PH gástrico sea superior a 5 para evitar los efectos erosivos sobre la pared gástrica.