
Son pacientes con tres rasgos fundamentales: a) alto grado de sugestionabilidad y búsqueda de la atención del entorno social;b) sensibilidad ante los cambios más mínimos de tipo somático, y c) falta de contención familiar a sus síntomas, con cierta «comprensión» o ciertas ganancias secundarias que cronifican un modelo de relacionarse basado en la queja.
Este trastorno por fortuna es poco frecuente, se inicia en etapas precoces de la vida (antes de la tercera década de la vida) y se instaura como forma de ser de la persona: siempre quejándose por una u otra cosa, capitalizando la atención de la familia que a la postre reacciona con indiferencia (a pesar de lo cual el paciente prosigue), pero casi nunca con contención emocional. La sexualidad y, en general, la capacidad de disfrute están alteradas.
Hay que ser cautos y recordar que el paciente no domina la producción de los síntomas, aunque secundariamente pueda hacer una utilización de ellos, utilización «ingenua», pues sigue el patrón invariable de llamar la atención de quienes le rodean hasta el punto de llegar a aburrirles.
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